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martes, 26 de junio de 2012
Por debajo de la mesa
Encima de mi mesa de luz hay tres libros a medio terminar. A uno, sólo le faltan dos capítulos para ser enviado sin nostalgia a su rincón en la biblioteca, pero por una excusa u otra no termino de leerlo. Y el libro sigue ahí, custodiando en silencio mi sueño. Testigo mudo y paciente de mi reticencia para los cierres y las despedidas.
Los otros dos están oprimidos por ese, el que está encima, y ya no recuerdo ni los títulos. Pero los tres juntos hacen un montoncito acogedor donde suelo apoyar un vaso de agua antes de irme a dormir, por si me sorprende la sed en mitad de la noche.
Por debajo de la mesa hay más libros. Más historias. Secretas historias...
Los secretos deben conservarse, me digo. Lo secreto y lo sagrado son lo mismo. Pero un secreto cautivo puede hacer morir a su carcelero.
Acaso un secreto se confunda con mudez. Con callar cuando se debiera gritar.
Mis libros conservan en secreto lo que aún no leo. Pero no mueren. Esperan tranquilos el momento oportuno. Ese que no tiene fecha de caducidad. ¿O si?
Victoria Branca
lunes, 16 de abril de 2012
Mi Alma está alborotada

Mi alma está un poco alborotada. Aunque cuando me escucho decir: "mi alma está alborotada" me pregunto si el alma es capaz de eso. Porque si hay algo que debiera permanecer más allá de todo este ajetreo al que nos somete la vida terrena (la única que conozco por ahora) es el alma.
El corazón, ese sí que puede alborotarse. ¡Y cómo! Las veces en que a mí se me alborotó a lo loco el corazón tuve que arriarlo, como a un caballo zarpado, y llevarlo de regreso al corral. Junto a la obediente tropilla. Confieso que a veces lo dejé aventurarse libre y brioso más allá del horizonte conocido, pero al rato volvió abatido y cabizbajo, como un hijo pródigo, esperando que una voz paterna le dijera, bueno, yo te lo advertí, pero pasá. Está todo bien.
Los parámetros y los marcos de contención sirven para algo, me digo, cuando se me arremolinan las ideas y el ímpetu, y esa fuerza no domesticada del todo comienza a hacerse notar. Otra vez.
Bueno, bueno, ya va a pasar. Respirá hondo. Volvé a tu tarea...
Pero es justamente cuando uno respira hondo, bien profundo, bajo las napas y cortezas del mundo cotidiano, cuando se topa con ese magma indómito y tan vivo. Con esa murga constante y explícita que te zarandea el alma.
¿El alma puede ser zarandeada?
¿Y de dónde cornos sale esa palabra?
Vez, eso es lo que digo. Hay un carnaval que danza a sus ansias ahí. (Sí, a sus libres y anchísimas ansias)
Nadie lo detiene. Nada lo contiene. Es una explosión de música y color. De vida intensa y espontánea. Caótica. Cierta. Vital.
Subterránea.
Victoria Branca
viernes, 13 de abril de 2012
A veces
jueves, 15 de marzo de 2012
En mi libreta dice...

" Si no prestas atención a los tesoros que posees, estos te serán arrebatados" Clarissa P. Estés
"Debes elevarte sobre las nubes sombrías que cubren la montaña. Si no ¿cómo podrías jamás ver su brillo?" Ryokan
Soul is closer to movement than it is to fixity.
"Pity arrises from meeting pain with fear. Compassion comes when you meet it with love" Stephen Levine
Escribir es un oficio muy solitario.
"La energía fluye hacia donde va la atención" Principio chamán
"Enunciar la emoción para no actuarla" Celia
"En mi libreta hormigueaba un caos de garabatos contradictorios" Virginia Woolf
Victoria
viernes, 23 de diciembre de 2011
Mi Deseo

Querido Papá Noel,
esta navidad no quiero pedirte nada especial. Si tengo que ser sincera, y no oportunista, debo confesar que en lo más profundo de mi ser me siento infinitamente bendecida.
Que yo a veces no me sienta en sintonía con la la sabiduría de la vida no significa que me falte algo.
Se que todo está bien, aún aquello que yo quisiera cambiar a mi capricho. Sé que están junto a mí los que tienen que estar, y los que no, tenían otros planes.
No creo que nadie me deba nada, lo que no llegó hasta mí no estaba en mi hoja de ruta.
Intuyo que los engranajes del mundo giran en sentido diferente a los círculos que no son de este mundo. Y yo me pierdo, muchas veces, en la rotación alocada e incesante en la que nos perdemos tantos. Pero aún así, está bien que así sea. O, al menos, no está mal. Porque ¿qué es el mal? ¿Según la mirada de quién algo cae del bando de lo bueno o el de lo malo?
La vida es una suma fascinante de experiencias y yo, hoy, no quiero perderme de nada.
Las oportunidades llegan a la estación más cercana, sólo algunas veces se detienen en mi puerta y, cuando es así, ¡más vale que esté pronta y dispuesta a aprovecharlas!
Con la edad fui sumando temores nuevos y venciendo otros. Pero tengo miedos que a veces me impiden lanzarme confiada a lo que la vida me propone. No sé cuál sea la receta secreta y perfecta para desterrar los propios miedos pero mientras tanto respiraré hondo y repetiré en silencio algun mantra poderoso.
No creo que haya cosas para las que sea tarde aunque sí pienso que hay ciertas cosas que es mejor dejárselas a los más jóvenes o los más osados. Las otras, las que aletean cerca de mi alma de manera insistente, esas quiero hacerlas. Voy a hacerlas.
No espero regalos materiales para esta Navidad. Pero si en medio de tu extensa jornada laboral encontrás un hueco para deslizarte por mi chimenea, te pido que le hagas unos pases mágicos a mi guitarra. Está un poco vaga, la pobre. A ver si se desenfunda, se afina y se posa sobre mis piernas.
Del resto, me ocupo yo.
Con todo mi agradecimiento, te saludo en vísperas del día más agitado de tu año,
Victoria
viernes, 25 de noviembre de 2011
El tiempo de los balances

Empieza, para mí, el tiempo de los balances.
Cuando se acerca el fin del año me gusta mirar hacia atrás (de manera introspectiva quiero decir) y observar logros, reveses, puntos muertos, trabas, desafíos, sueños cumplidos, sueños postergados...
Me gusta quedarme paladeando algun trecho del camino, aunque el sabor haya sido, además de dulce y benigno, amargo.
Así aprendo. Revisando mis actitudes. Poniéndome en lugar de observadora intentando no hacer juicios...
Cuando recorro en mi memoria lo que me había propuesto como objetivo a principio del año veo aquellas cosas que quedaron olvidadas en el trajín cotidiano. En el olvido que trae la urgencia.
Los sueños que se fueron desvaneciendo en el camino.
Otros que no soñaba y se hicieron presentes con toda su contundencia.
Sorpresas.
De las lindas y de las feas...
La vida no se atiene a mis libretos, lo sé.
Tampoco la muerte.
Victoria Branca
miércoles, 16 de noviembre de 2011
De corrido y sin respirar

Macavity`s a Mystery Cat: he`s called the Hidden Paw
for he`s the master criminal who can defy the Law.
He`s the bafflement of Scotland Yard, the Flying Squad`s despair:
for when they reach the scene of crime Macavity`s not there!
Macavity, Macavity, there`s no one like Macavity,
He`s broken every human law, he breaks the law of gravity...
Macavity fue una de las primeras poesías que memoricé en inglés.
De corrido y sin respirar (casi) la repetía en voz alta por los pasillos del colegio de monjas, entonándola por momentos, para luego recitarla a viva voz frente a la maestra de English.
Que un gato fuera buscado por Scotland Yard y lograra escapar de ellos me parecía genial. Un minino super héroe, de los malos pero bueno. Un depravado (monster of depravity) pero querible. Que hace trampa mientras juega a las cartas, que roba joyas, leche y otros enseres, pero que no es un ladrón. Al menos no convencional.
A través de las garras afiladas de Macavity y sus osadas hazañas conocí a T S Elliot.
El poeta quedó en el olvido durante mi secundaria hasta que llegó The waste Land. Obra maestra y compleja. Árida y abundante. Vacía y completa.
Pero Macavity dejó su huella marcada en mi corazón. Un corazón de niña cantora. Que aún entona cuando recita y recita cuando canturrea.
Victoria Branca
martes, 25 de octubre de 2011
Se me rebelaron los libros

No soy ortodoxa ni prolija para leer. Sobre mi mesa de luz, al costado, debajo y detrás tengo pilas de libros que ya empecé y otros que quiero empezar si la vida me lo permite.
Si un libro no me gusta, por más que sea hiper best seller, no lo compro; y sí compro otros que quizás tienen pésima prensa pero para mí son especiales.
Subrayo y escribo los libros que leo. Con lápiz, con birome, con lapicera o lo que tenga a mano. ¡Vade retro irreverente!
Los libros no son sagrados, la lectura lo es. O, más bien, ese encuentro silencioso y profundo que se establece mediante la palabra entre escritor y lector. Entre alma que se expresa y alma que se siente expresada.
Tengo más de veinte libros esperando su turno para ser leídos. Tocados. Elegidos entre el tumulto. Pero como soy caprichosa, y más cuando me ponen presión, no me decido cuáles serán los elegidos para estos días.
Y ellos, que son orgullosos y egocéntricos, no están dispuestos a esperarme y decidieron amotinarse en mi contra.
No encuentro aquél que pensaba leer primero y el que no me atraía tanto se puso en primer lugar. El que estaba leyendo se me quedó olvidado en una sala de espera y uno que me regalaron y pensaba cambiar ya fue abierto y subrayado por algún duende de la lectura...
¿Conocen a un adiestrador de libros o un bibliotecario con suficiente autoridad?
Se requiere intervención inmediata.
Victoria Branca
jueves, 15 de septiembre de 2011
Ni azúcar ni aceite

Uno de mis things to do before I die es escribir una comedia musical.
Bueno, estoy escribiendo algo así.
No es LA comedia musical que tenía pensada. Esa es demasiado grandiosa, exhuberante y perfecta para ser real, y como lo perfecto es enemigo de lo posible, estoy haciendo realidad lo posible.
Mi comedia es cantada, hablada y algo bailada.
Tiene monólgos y diálogos. Tiene silencios y gestos contundentes.
Tiene humor y también momentos serios. Como la vida.
Canturreo las melodías todo el tiempo y me río a carcajadas imaginando a los protagonistas en mis escenas.
Porque ya sé quiénes son. Ellos no, pero yo estoy escribiendo cada letra con ellos en mente.
Y estoy tan divertida que me olvido de algunas de mis obligaciones. En casa, por ejemplo, no hay azúcar ni aceite.
Tienen para prestarme?
domingo, 10 de abril de 2011
Antes del Alba

Esta noche no quiero dormir.
Ya dormí lo suficiente. Quiero descorrer el velo del sueño y adentrarme sin miedo en la oscuridad.
No me asustan los carceleros ni los custodios. Tampoco esos gigantes dormidos que pretenden disuadirme con su sola presencia. No son nada. Ni nadie. Sólo unos falsos monstruos agrandados por la imaginación de mi niñez.
Esta noche no hay luna llena, por suerte. Desbarataría mis planes.
Quiero que el sendero esté en penumbras. Y que la única luz que me guíe sea interior.
Iré sola. Sin armas. Sin preconceptos. Sin memoria.
Y prometo volver.
Aunque el camino desaparezca detrás de mis pisadas, prometo volver...
Antes del alba.
Victoria
domingo, 27 de marzo de 2011
¿El libro o la vida?

La semana pasada me llegó por Amazon la biografía recién publicada de Mark Twain. Es un libro de tapa dura que mide 26 por 18 cm, que pesa aproximadamente 3 kilos y que tiene 738 páginas. (Y éste es sólo el primer volumen)
Sorprendida por el voluminoso ejemplar, que llegó en su caja de cartón característica junto con otros libros que también había encargado, empecé a dudar si alguna vez encararía la odisea de leer esa especie de enciclopedia infinita. Porque convengamos que para leer "eso", entre tantos otros libros, revistas, panfletos, muestrarios, cartas, emails, gestos, mudeces, miradas, sonrisas, muecas, paisajes, horizontes y corazonadas, necesito tiempo. ¿A qué robárselo? ¿Valdrá la pena el hurto?
Leer es una pasión. O enfermedad. Vicio y maravilla. Escape. Salvación. Trinchera. Paréntesis. Refugio...
Pero ante esta clase de libracos gigantes se me plantea la disyuntiva que detesto: ¿el libro o la vida? ¿La historia concluída de Twain o la mía que aún no concluye?
No debiera ser así. Esto o lo otro. Él o yo. Pero el mundo moderno vive apurado y produce en demasía. Hay demasiados libros. Demasiada información. Demasiados intereses. Y poco tiempo para tanto.
Tal vez el desafío sea aprender a seleccionar lo que vale la pena de lo que no lo vale tanto. Pero no es el caso. Me interesa la vida de Twain y me gusta lo que escribió. Pero también me interesan otros autores y mi propia vida.
Mientras me decido, dejo el flamante volumen completado y editado por "The Mark Twain Project" en un rincón de mi biblioteca y me pongo a cocinar unos fetuccini con crema y parmesano mientras imagino si a Twain, alguna vez, le habrán cocinado unas pastas así. Como las mías.
jueves, 24 de marzo de 2011
Donde conviven peces y restos humanos

"No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza. La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida."
Juan Gelman
Mi padre fue arrancado a la fuerza de su tierra, de su país, de mi vida. Tragado por las fauces inmensas de la voracidad del poder. Sentenciado a muerte por un tribunal fantasma. Arrojado, quizás, como un desecho, a las aguas turbias del rio de La Plata donde conviven peces y restos humanos, naturaleza y exterminio.
Hoy se conmemora ¿qué? ¿El inicio de la impunidad y el miedo? ¿El comienzo de una dictadura nefasta? ¿Un proceso de aniquilación sistemática y secreta? ¿La manifestación del infierno en la tierra?
Hubiera sido más noble y acertado conmemorar a la justicia y a la verdad en la fecha en que comenzó la democracia, no el golpe de estado. Pero más allá de ello, a los muertos se los recuerda en libertad, sin fechas impuestas desde afuera. Cuando el corazón lo dicta.
A mi padre lo llevo en el corazón, aunque sea parte de una lista siniestra.
Victoria Branca
lunes, 21 de marzo de 2011
No tengo nada para decir
No tengo nada para decir, o, más bien, son tantas las cosas que quisiera decir que no sé por dónde ni cómo empezar.
Me gustaría hacer de cuenta que lo que ocurre en Libia y en Japón son historias de otros planetas. Pero, para mi perdición, ya intuí que el otro soy yo. Y que el infierno no son los otros.
Quisiera salir a pasear por mi ciudad con la confianza de una niña que todo lo cree, todo lo espera, a todo y a todos sonríe, y cree que lo mejor está por venir, pero a esa niña hoy la dejé dormir más de la cuenta y no pienso despertarla con las malas nuevas.
Somos espejos, los unos de los otros. Lo que ocurre en un extremo del planeta está íntimamente relacionado con lo que no ocurre en el otro. No me refiero a los llamados desastres naturales. Sino a los que planean y realizan de manera antinatural los seres humanos. Nosotros, los que por olvidar que somos parte de la naturaleza nos deshumanizamos.
Que lo último que se pierda sea la esperanza, suele decirse en momentos de desasosiego.
Que lo último que se pierda sea el sentido. El creer que vale la pena la vida a pesar de todo y de tanto.
O de tan poco.
sábado, 12 de febrero de 2011
La prueba del delito

Uno de los desafíos en los que me embarqué durante el año pasado (digo desafío por llamarlo de manera más interesante ya que se trató ni más ni menos que de una odisea con un final cantado, y no por alguna sirena) fue el plan nutricional de descenso de peso e inicio de alimentación saludable bajo la supervisión estricta y remunerada de una especialista en la cuestión (que no era yo, obviamente).
El asunto es que el plan funcionó bien los primeros meses, como todo amor recién estrenado, pero al promediar el año se convirtió en una lucha diaria entre el estricto deber y el desmesurado placer.
La constancia no es una de mis virtudes, me cuesta terminar muchas de las cosas que empiezo, a no ser, claro, que el objeto que deba llevar a feliz término sea una obscena, deliciosa y prohibidísima torta de chocolate. Ahí te cumplo la tarea de cabo a rabo sin la más mínima distracción y sin que al entusiasmo decaiga.
Y eso fue lo que hice varias veces a lo largo (y cada vez más ancho) sendero de esa reverenda dieta en la que incursioné.
La especialista sospechaba que yo no andaba haciendo la tarea del todo bien, entonces terminaba concediéndome alguna pequeñita excepción a la regla pero, ¿acaso puede compararse una barrita de cereal con chocolate al bocato di Cardenale Papístico que significa llevarse a la boca un tenedor repleto de esponjosa torta recién hecha de chocolate y dulce de leche?
El asunto es que violé la libertad condicional varias veces, es decir, hice libre uso de mi propio albedrío a costa de mi futura silueta y a sabiendas de que incurrir a conciencia y en reiteradas ocasiones en la misma falta es claramente intencional y premeditado. Por lo tanto, y dado que no puedo ser juzgada por insania mental, me someto al tribunal alimenticio para que se expida sobre esta causa y remito, a modo de prueba, la foto del objeto de mi grave falta a la salud y el buen comportamiento.
Ante mí, doy fe (pero la porción real, que te quede claro, queda en mi poder)
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Bendígame Padre...

No existe una única versión. De nada. Y cuando creemos dar con una certeza inamovible y absoluta de algo estamos, seguramente, alejándonos de la verdad de aquello que sea.
Todo tiene sus facetas. Como el diamante. Que encierra perfección en sus múltiples caras.
Bueno, todo este introito e intringulis filosófico es para hacer una confesión. Ahí va. Absuélvame padre...
Soy una bruja encubierta. "Ya lo sabíamos", dirá con malicia algún que otro pariente, pseudo amigo o enemigo acérrimo, pero no. No hablo de mis debilidades y actitudes irritantes (o al menos, incomprensibles for the rest) Hablo del oficio. El de la cofradía de tiempos inmemoriales. El de la hermandad de las que danzan en los bosques y curan las heridas de maneras no convencionales. El de las perseguidas por las disquisiciones inquisitivas de los más débiles entre los débiles.
Pero no soy una bruja oscura, aunque haya visitado los reinos de Hades y Perséfone en más de una ocasión. Diría, más bien, que soy una aprendiz de bruja en vías de conseguir su tan ansiado título.
No os asustéis. No hago hechizos ni brebajes. Ni pócimas verdes y humeantes. Lo mío es el avistaje, no de aves, sino del alma.
No uso escoba ni calderos. Y aunque me visto de negro asiduamente, lo hago más por encubrir mis kilos rebeldes que por emular al gremio.
No llevo sombrero ni me acompañan gatos. Me gustan los perros y me persigno. Mis dientes son todos míos y el lunar que llevo es herencia paterna y no efecto de algun embuste.
Y en el 2011 pienso ejercer a plena luz del día. Por favor, padre, perdóneme. Pero de seguro usted también tiene algún lado en sombra. Bendígame, padre. Y en gradecimiento, permítame que le tire las cartas...
martes, 23 de noviembre de 2010
Antes y Después

Fue un asunto engorroso y molesto durante mi infancia. Por no decir traumático.Suscitó bromas pesadas y comentarios burlones. Y me hizo derramar una que otra lágrima.
Fue también mi sello personal. La plataforma desde donde me plantaba en un mundo extraño y por momentos hostil, pero al que yo observaba desde cierta distancia y perspectiva. Sobretodo por mi altura.
Mis pies son grandes. Calzo 41 y medio. Que según el clima pueden estirarse hasta un 42. Una rara chica big foot. Lo que hace que me resulte una odisea peor que la de Ulises encontrar zapatos para transitar por esta vida.
En cada local al que entro me dicen que sólo tienen hasta el 40. Y la etapa en que doblaba el pie como una hermanastra deseosa de pertenecer a la realeza de los correctamente bien numerados, por suerte, ya pasó.
Hace rato que busco andar por la vida libre y de manera auténtica y ya no quepo en esos mandatos del piecito pequeñito y femenino que impuso algún tarado.
Conclusión: uso el mismo par de botas durante todo el invierno y alterno entre ojotas y dos o tres pares de sandalias compradas en "God bless America" en un bendito viaje de acopio acorde a mis medidas.
Pero eso fue antes. Ahora estoy en el paraíso de Gulliver decidiendo cuantos pares de bellísimas sandalias voy a comprarme este verano.
Es que la vida me hizo apoyar la ñata contra el vidrio correcto, y dí, de pura casualidad (¿?) con el local de zapatos de mis sueños. Los números van del 41 al 44. Sí, no te estoy exagerando. Mis pies, ahí, son de lo más menuditos.
Ya encargué unos stilettos 42 para vengarme de tantos años de restricciones impuestas desde afuera. Y ya les aviso a las señoritas de piecitos modestos que están acostumbradas al derroche zapateril que se hagan a un lado. Esta caminata sexy, es mía.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Mi propio Viaje

El libro salió publicado hace unos años. Pero por un motivo u otro no me atrajo en su momento.
Me enteré que Julia Roberts estaba filmando la película y recorriendo todos esos lugares paradisíacos y eso tampoco logró que lo leyera.
Hasta que mi amiga Steffi, después de una de esas charlas a corazón abierto, me dijo: lo tenés que leer.
Y como soy rebelde hasta que mi corazón interviene, fui de manera obediente a buscar el librito. Mal momento. Estaba agotado en casi todas las librerías.
Pero, en un local chiquito y mágico en el Puerto de Frutos, lo encontré. O se dejó encontrar. O, más bien, nos encontramos.
Ya estuve por Italia, saboreando pastas al dente, salsas aromosas, vinos de terruños húmedos y fértiles. Me puse soleros floreados y caminé descalza por los pueblitos de La Toscana. Practiqué mi nóvel y torpe italiano con varios "Marcellos", pero ninguno me invitó a subir a su balcón. "Sei sposata signora". Y yo contuve mis ansias juveniles y asentí con una mueca entre agradecida y nostálgica.
Todavía no llego a Indonesia, a Bali más precisamente, donde un antiguo novio ahora regentea un hotel. Estoy sumida en mi propio ashram, intentando aquietar la mente, disipar los miedos y ahuyentar los pensamientos negativos. Una trilogía, debo admitir, que me resulta más difícil de encarnar que la santísima trinidad.
Elizabeth Gilbert me resulta una narradora fresca y divertida. Su manera de contar es ágil. Los escenarios son lindísimos, y llego hasta a respirar los aromas exhuberantes de la Bella Italia. Me tomé mi tiempo para abandonar el placer y arribar al despojo y la disciplina que supone entrar en el propio templo interior. Y ahí estoy ahora. Forcejeando con mi pereza y mis argumentos. Aprendiendo a regañadientes a dejar que lo que deba ser sea, sin mi gerencia limitada y enervante, que no agrega media pizca de sabiduría ni paz al universo.
Sí, ya sé, no soy imprescindible ni ireemplazable. Pero soy esa gota que le aporta su particular gusto al océano del mundo. Así que espero mejorar mi consistencia para que el agua se alegre con mi presencia.
Hoy se estrena Comer, Rezar, Amar en todos los cines
de Buenos Aires.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Estado del Tiempo

Mi alma anda un poco amodorrada. Está cautiva de las cosas que le dan seguridad. Y como estos últimos días hizo frío, le eché unas cuantas mantas encima y ya casi no la oigo.
Mi alma está perezosa y lenta. Escondida en su caparazón de costumbres y convenciones. "Ir en contra de la corriente, cansa", imagino que me dice. Pero no, no era eso lo que siempre me decía, sino algo así como "no fluir a favor del curso del propio río cansa más".
Me quedo pensando. No me gusta sentirme separada de mi alma. Pero hay infinidad de capas que hoy nos separan. Y cientos de voces que histeriquean a nuestro alrededor. Sigue lloviendo y hace frío, pero tal vez un latigazo de aire helado nos haga bien. Tal vez a la intemperie recuerde el camino de regreso a mi casa, la de origen, y podamos reencontrarnos.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Llamado a la Solidaridad

Se necesitan dadores, de cualquier grupo, etnia, sexo y religión.
No hace falta que estén en ayunas.
Favor de presentarse a este blog y estirar el brazo confiados.
Nadie les extraerá nada. No sufrirán mareos ni descompensaciones.
Se necesitan dadores, decía, de comentarios.
Según el casillero de abajo a la derecha tengo la dicha de contar con 90 seguidores. Pero el desasosiego de no contar con comentario alguno.
Puedo andar por la vida sin comentarios, pero, la verdad, un mimo de vez en cuando me gusta recibir. Si no, creo que ando solita y sola pululando por este cyber espacio.
Hoy es uno de esos días en que el corazón me late destemplado y expectante.
Así que decidí salir a tocar la puerta, a ver si del otro lado me tiran algo dulce y sabrocito para alimentar mi destemplanza.
Digo.. si no es mucho pedir..
jueves, 5 de agosto de 2010
Prueba superada

La balanza no acusó ninguna variación. Ni de más ni de menos.
Mantuve mi peso en el lugar exacto.
Mi nutricionista me felicitó y yo recibí el elogio gustosa.
Fue un verdadero logro, sobretodo de mi metabolismo que logró camuflar las picaditas y los chocolates en no sé qué enzima invisible de mi humanidad.
El sistema se cae, a veces, pero no miente. Así que si la balancita electro-digital dijo que yo no engordé nada, que así sea. Amén, amén.
Por eso, porque estas jugadas maestras del destino hay que celebrarlas, ya elegí el ejemplar que llevaré conmigo a la bañera, más el vinillo correspondiente.
Quesos no hay. Tampoco bocaditos de chocolate. No puedo ser tan cretina ahora que la licenciada confía plenamente en mí.
Ad restrictio....
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Un arma poderosa


