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viernes, 8 de junio de 2012

El Ray ha muerto


Ávido lector. Autodidacta. Curioso. Dueño de una imaginación desbordante. Visionario. Escritor y filósofo lúdico...
Ray Bradbury interceptó mi camino cuando yo andaba a paso lento y premeditado, calculando lo que haría en los minutos siguientes y en los subsiguientes, sin dejar mucho espacio para la espontaneidad libre y riesgosa. Todo lo contrario a cómo concebía él la vida: sin límites, abundante y ostentosa, repleta de puertas para abrir e ir a jugar.
Fahrenheit 451, ese libro crepitante que osé leer a mis 19 años me reflejó en un espejo en el que hasta ese momento no me había mirado. Pero no pude sostener durante mucho tiempo la mirada. Tanto fuego en esa mente gélida podía dejarme fuera de combate demasiado pronto. Así que suspiré, como cuando la nostalgia trae de regreso un perfume tan amado, y dejé que la tía Mildred siguiera marcando los pasos a seguir.
Clarisse tendría que esperar.
Hay veces en que un libro llega demasiado pronto a nuestra vida. Trae augurios de algo que debe ser en un futuro próximo, cercano, pero aún no estamos listos. Nos gana el miedo. El qué dirán. Los prejuicios. Los mandatos. Las viejas creencias...
Pero el fuego, cuando se enciende, no contempla lo que va devorando a su paso. Su esencia es arder. Y hacer arder.
El papel arde a esa temperatura: 451 fahrenheit. ¿Y un corazón humano?
Ray Bradbury. Ray Bravery. Ray of light...
Cuando un corazón toca a otro corazón (enciende a otro corazón) ya puede descansar en paz.

Victoria Branca







miércoles, 11 de abril de 2012

Autobiografía de un artista













"Cuando la serenidad del taller me lo permite, en un alto del trabajo reviso mi acopio de papeles amarillos, y vuelven a mi mente los días expedicionarios de mi juventud, cuando la tentación del viaje me llevaba a los sitios más perdidos en el mapa.
Un día en Ceilán, otro en París iban quedando sellados en mi pasaporte, en un itinerario inacabable que yo me imponía, fiel a mis ansias de recorrer el mundo.
Siempre digo que viajar es correr paralelamente con la vida, y si ese viaje está enganchado a la acción del trabajo y el aprendizaje, la cosecha premiará nuestro regreso.
Por eso, ahora que los años debilitaron este ímpetu, cuando miro los mapas o recorro las páginas de los viejos libros me siento participando en las aventuras de todos aquellos que un día se atrevieron a zarpar hacia la nada buscando el algo.
A veces observo o analizo lo realizado en mi larga vida y, al enfrentarme a la variedad de temas enfocados, no sé si es verdad que hice lo que hice o no y, al revisarlo, me lo imagino.
Por momentos entro en el delirio de tocar las obras realizadas para constatar si en verdad existen o, en mi fiebre de querer hacerlas, las construí en mi mente. Pero entonces esculturas, pinturas, dibujos, grabados, vitrales, planos, objetos de toda índole, proyectos alocados, colecciones, escritos se asoman y me acechan ratificando así la realidad.
Al pasar revista, haciendo el balance de todos mis intentos, rescato los escritos que, envejecidos, dormían en el fondo de mis baúles. Y, continuando mi adicción a crear no importa qué, trato de afinar mi vista, estirar mi brazo, para visualizar o tocar todo aquello que voy descubriendo, que siento de mi autoría pero es apenas espejismo que se disipa, como una nube empujada por el viento. En medio de esta confusión avanzo mi revisación de una vida."

"Posdata",
Autobiografía de
Carlos Páez Vilaró

lunes, 5 de septiembre de 2011

Pintor de Río y de Mar














Hay que tener agallas para salir corriendo detrás de los propios sueños. También algo de inconsciencia. Y luego hay que saber esperar a que las alas agitadas de aquello que soñamos se posen, finalmente, sobre nosotros.
Los sueños, como todo lo que necesita tiempo para tomar forma, se incuban. Y una vez gestados empiezan a moverse con enérgica firmeza hasta darse a luz en la vida de quién los convocó.
Carlos Páez Vilaró es un encantador de sueños. Un pintor apasionado. Un aventurero al que le sobró inconsciencia y le faltó temor. Por suerte. Por que la manera en que se lanzó trotar el mundo en pos de sus sueños dejó una estela imborrable de posibilidades. Y de obras magníficas y desbordantes de creatividad como lo es su casa atellier en Punta Ballena.
Para él, pintor de mar que supo construir su morada sobre el acantilado con la vista más impactante de Uruguay; pintor de río que replicó su hogar en escala más pequeña en la zona del Delta Argentino; ciudadano del mundo, la vida fue, es y será una osada aventura.
Vivió en buhardillas y hoteles de lujo. Se sirvió del trueque para subsistir sin dejar de crear. Conversó con artistas famosos y se mezcló entre las murgas y las comparsas.
No se dejó abatir por la desesperanza cuando su hijo se perdió en Los Andes, y aunque todos lo daban por muerto no cesó de buscarlo hasta que lo encontró. Vivo. Gracias al destello luminoso de esa luna que los había mantenido unidos a ambos en medio de la incertidumbre y el dolor.
Superó enfermedades y separaciones. Reclamos y envidias. Y siguió caminando abrazado a sus pinceles persiguiendo nuevos sueños. Porque la vida merece vivirse a pleno. Con sus aciertos y sus errores. Sus vaivenes y sus atardeceres plácidos. Sus colores vibrantes y sus pátinas sombrías.

Victoria Branca

Está abierta la muestra de
Carlos Páez Vilaró :Gracias tigre
en el MAT (Museo de Arte deTigre)
durante todo el mes de Septiembre

lunes, 15 de noviembre de 2010

11 Enseñanzas














1. El coraje no es la ausencia de miedo.
El coraje no es algo innato, se elige. No se nace valiente, todo radica en cómo se reacciona ante las diferentes situaciones.

2. Sé mesurado.
Date tiempo antes de tomar decisiones. Considera todas las opciones. No te precipites. Cultiva la calma. Que no te envuelvan ni te arrastren las emociones.

3. Lidera desde el frente.
Algunas veces es absolutamente necesario que un lider tome medidas de manera independiente, sin consultar a nadie, e informe a la organización de lo que ha hecho.

4. Lidera desde atrás.
No es bueno sitiarse en el centro de atención. Las funciones de un líder consisten también en saber delegar y promover. Un buen jefe no sólo imparte directivas sino que sabe escuchar las opiniones de los demás.

5. Métete en tu papel.
Si vas a desempeñar un papel tienes que usar el vestuario adecuado. La apariencia, aunque no sea lo esencial, habla de cómo somos. La imágen tiene poder. La expresión de tu cara es poderosa. Se puede ser auténtico sin tener que revelarlo todo.


6. Ten un principio esencial. Lo demás son estrategias.
Decide cuál es el principio que orienta tu vida y por el cual no das el brazo a torcer. Luego, todo lo demás estará subordinado a ese objetivo primordial. Cuando las circunstancias cambien, cambiarás de estrategia, pero no de principio.

7. Piensa bien de los demás.
Considero que todo el mundo es bueno, mientras se demuestre lo contrario. Nadie nace con prejuicios o racista. Nadie es intrínsecamente malo. La maldad es algo que las circunstancias, el entorno o la educación inculca o enseña a los hombres. No es innata.

8. Conoce a tu enemigo.
Conocer al enemigo no es sólo un acto estratégico, sino un acto de empatía.

9. Ten cerca a tus rivales.
No hay que subestimar al que compite contigo. Observarlo de cerca te permite aprender de él y verlo venir.


10. Debes saber cuando decir que no.
De nada sirve dar falsas esperanzas cuando sabes de entrada que tu respuesta será un no. Si hay que decepcionar a alguien, cuanto antes mejor.

11. Es un juego largo.
La prisa conduce al error y a los juicios equivocados. Muchas veces hay que posponer la gratificación. La velocidad no es nuestro ritmo natural. La impaciencia tampoco es una virtud.

Extractado del libro "El legado de Mandela,
15 enseñanzas sobre la vida, el amor y el valor",
de Richard Stengel

miércoles, 20 de octubre de 2010

Un gato de angora grande y viejo













Walt Whitman murió el 26 de Marzo de 1892, en la casa que había comprado menos de diez años antes en Camden, New Jersey; tenía el aspecto de un rey del Antiguo Testamento o, como escribió Edmund Gosse, de "un gato de angora grande y viejo". Whitman aprendió a leer en una escuela cuáquera de Brooklyn, gracias a lo que en aquel entonces se conocía como "método lancasteriano" (por el cuáquero inglés Joseph Lancaster). Un único maestro, ayudado por niños monitores, se hacía cargo de clases de unos cien alumnos, diez en cada mesa. A los más pequeños, sin distinción de sexo, se les daba clase en el sótano; cuando eran mayores las niñas aprendían en la planta baja y los varones en el piso superior.
Uno de los maestros de Whitman comentó que le parecía "un buen muchacho, torpe y de aspecto descuidado, pero común a los otros en todo lo demás".
Dejó la escuela a los once años y empezó a trabajar en las oficinas del abogado James B. Clark a quien aquél muchacho le cayó tan bien que lo suscribió a una biblioteca ambulante. Eso, dijo Whitman más tarde, "fue un acontecimiento decisivo en mi vida de aquella época".
De la biblioteca sacó y leyó "Las Mil y una noches" entre otros.
"Durante los veranos me marchaba al campo o a las costas de Long Island, y allí, bajo la influencia del aire libre, fui leyendo de cabo a rabo el Antiguo y el Nuevo testamento y asimilé a Shakespeare, Osián, Homero, Esquilo, Sófocles, los antiguos poemas hindués y a Dante. Desde entonces me he preguntado por qué no me abrumaron aquellos poderosos maestros. Probablemente porque los leí en plena presencia de la Naturaleza, bajo el sol, ante extensos paisajes y panoramas o cerca del agitado mar".

Extractado de
Una Historia de la Lectura,
de Alberto Manguel

jueves, 26 de agosto de 2010

El amigo de Charlie


















Quería ser inventor. Y vaya si lo fue.
Nació en Llandaf, Gran Bretaña, el 13 de Septiembre de 1916.
Era hijo único, de padres noruegos.
Roald Dahl, el escritor de imaginación ilimitada, empezó a escribir cuentos en 1942, luego de pasar su juventud trabajando en África y habiendo sido piloto en la Segunda guerra mundial.
Los primeros quince años de su carrera escribió relatos para adultos, pero luego se internó en el maravilloso y desbordante mundo infantil y ya nadie lo sacó de allí.
Escribía en una pequeña choza en el jardín de su casa. Era su refugio "cálido y acogedor", como un pequeño útero de los milagros.
Con la publicación de "Charlie y la fábrica de chocolate" se consagró definitivamente.
Se casó con la actriz Patricia Neal y tuvo con ella cinco hijos. La mayor, Olivia, murió de una encefalitis y Theo, otro de sus hijos, sufrió daño cerebral irreversible luego de un accidente.
Lejos de deprimirse y amargarse por los embates del destino, Roald enfrentó las adversidades con entereza y buscando mejorar la calidad de vida de Theo pergeñó junto a un médico un invento que le permitió a su hijo tener una vida un poco más autónoma.
A Roald todo le interesaba, desde los perros de carrera, hasta las orquídeas, el golf, el vino, la música y las antigüedades.
Fue un gran amante de la pintura y cada vez que cobraba por la publicación de algún artículo o derechos de autor iba corriendo a adquirir una nueva obra de arte.
Participó en la escritura de varios guiones y creó personajes tan populares como los gremlins.
Murió a los 74 años, el 23 de noviembre de 1990.
Entre sus geniales creaciones figuran: Matilda (mi favorita), James y el durazno gigante, Brujas, Henry Sugar:el niño que hablaba con los animales y una vasta colección de rimas y versos.
Les recomiendo visitar su página: www.roalddahl.com

jueves, 18 de febrero de 2010

Gandhi


















Nunca le gustó que lo llamaran maestro y, sin embargo, lo fue y a lo grande.
Nació en Porbandar y allí pasó su infancia.
Fue obligado a casarse a los trece años y, aunque deploró abiertamente que sus padres lo hubieran iniciado en el matrimonio a tan tierna edad, aprendió a amar a su esposa en cuerpo y alma.
Se recibió de abogado. Tuvo hijos. Viajó por el mundo.
Cultivó la austeridad y el despojo. Aprendió a domesticar sus pasiones.
Durante mucho tiempo vaciló entre el hinduísmo y el cristianismo hasta que optó por abrazar su religión de origen.
Estuvo preso. Oró y ayunó. Pero no de manera masoquista ni ejemplificadora, sino para seguir trabajando consistentemente sobre sí mismo.
No se consideraba culto y sin embargo su sabiduría simple y profunda se expandió sin límite, por todas las culturas.
Su vida no tenía secretos. Sí una hondura luminosamente atractiva.
Fue humilde y humano hasta la médula.
Combatió la violencia con la irracionalidad más grande: la no-violencia. Y cuando sus seguidores lo adoraron y ensalzaron respondió tranquilamente: "Nada nuevo tengo que enseñar al mundo. La verdad y la no-violencia se remontan a la noche de los tiempos."
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