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martes, 6 de agosto de 2013
Leemos más de lo que pensamos
Leemos más de lo que pensamos. Quiero decir que somos lectores más veces de las que somos conscientes. Es decir, leemos aunque no tengamos un libro entre manos. ¿Me hago entender?
Leer no es privativo de los que escudriñan un texto. Tampoco de los intelectuales. Ni de los ávidos devoradores de clásicos. Leer es más común de lo que creemos y, de tan común, ordinario.
Leer, eso sí, es un acto íntimo. Y privado.
Se lee en silencio. De afuera hacia adentro. Si no, no es lectura. Es otra cosa.
Se lee de pie, recostado, andando, de noche, de día, en medio de un tumulto, a solas...
La lectura, así, es una práctica habitual y cotidiana. Para todos. Para unos, es verdad, más que para otros.
Leemos más de lo que pensamos.
Leemos gestos, miradas, rostros, ausencias...
Leemos acciones, silencios, sueños...
Leemos distancias, cercanía, contacto...
Leemos llantos, risas, abrazos, canciones...
Leemos estados del tiempo y del ánimo...
Leemos historias...ajenas y también la propia.
Leemos arrugas, surcos, heridas...
Leemos pálpitos, impulsos...
Leemos arrebatos, desenfados...
Leemos la locura, la discreción, el deseo...
Leemos la paciencia, la ternura, la espera...
Leemos más de lo que pensamos.
Sí, y también leemos eso, las palabras.
Victoria Branca
viernes, 1 de marzo de 2013
Edgar & Benjamin
Benjamin Lacombe es un ilustrador exquisito. El mismo que trazara los rasgos delicados de los "Amantes mariposa", una rara joya de esas que a veces se dejan ver en el mundo superpoblado de los libros.
Ahora acaba de ilustrar algunos de los mejores cuentos de Edgar Allan Poe.
Los "Cuentos macabros", traducidos por el genial Cortázar, son otra perlita salida del mundo editorial de Edelvives, que cada tanto hace este tipo de proeza literaria.
Ya me lo regalé.
Sin titubeos.
martes, 4 de diciembre de 2012
Anuncio
Victoria Branca participa a usted,
por este único medio,
de la publicación (¡por fin!) de Noche azules,
el primer libro publicado en Argentina
(in cre í ble que sea recién ahora)
de Joan Didion.
Sírvase concurrir a la librería más cercana
y hacerse de un ejemplar.
Hace un tiempo escribí algo sobre el libro (ver enlace)
http://conlospiesdesnudos.blogspot.com.ar/2012/02/ese-instante-efimero-y-poderoso.html
viernes, 30 de noviembre de 2012
Toda la noche
¿Hay algo más sensual e íntimo que llevarse a la cama un libro que se desea y tenerlo abierto y despierto con una toda la noche?
Un libro es un amante inagotable.
Se entrega sin pruritos.
Sin apuro.
No teme ser explorado.
Se abre de par en par.
Se desnuda al ritmo de quien desliza sus dedos por su lomo,
por sus lineas interminables,
por su piel lisa
y perfecta.
¿Existe una comunión más intensa que aquella de quién lee y quien es leído?
Leer es descifrar.
Es auscultar el corazón de la trama, que hasta hace un rato no latía.
No apagues la luz -dice, en susurros, mi libro- hagamos el amor toda la noche.
Victoria Branca
miércoles, 17 de octubre de 2012
La mala educación
"En una etapa muy temprana de la vida, se nos enseña a dar prioridad a las señales externas sobre las internas, a respetar la voz de las demás antes que la voz del sí mismo. Un "buen" niño es el que se "preocupa" por sus mayores, el que "se porta bien". Se nos enseña a identificar la virtud con la complacencia de los deseos y expectativas de otros. Se nos inculca la conformidad como virtud cívica esencial. Se nos enseña la obediencia como el precio del amor y la aceptación.
Se nos dice -algunas veces de forma explícita, otras de forma implícita-, a través de una gran variedad de fuentes, que el sí-mismo es pecado, o insignificante, o despreciable, o algo que debe ser reprimido y suprimido, algo mezquino en el gran esquema de las cosas, o apenas una ilusión, y que respetar el sí mismo significa enajenar al individuo de la familia, la comunidad, la sociedad, de Dios, del Universo o de todo."
Nathaniel Branden,
El respeto hacia uno mismo
sábado, 25 de agosto de 2012
¿Qué hay para leer?
Parece que ayer fue el día del lector.
Para mí, el día del lector y de la lectora es todos los días. O, más bien, los días que el lector y la lectora deseen hundir sus narices y sus manos en el libro que quieran.
Estoy leyendo varios libros al mismo tiempo. ¿O será que varios libros logran descifrar mis estados de ánimo a la vez? Como sea, leo y me dejo auscultar por distintos ejemplares. De distintos y variados temas.
Caminando por Avenida de Mayo, hace unos días, encontré un tesorito de Neruda que nunca me había regalado: "Odas elementales", y se vino a casa conmigo. También manoteé sin mucha reflexión un libro que tiene en la tapa a la valiente-irreverente Frida Kahlo, algo así como un compendio de las recetas de cocina de Frida o algo parecido. Todavía no lo leí.
Últimamente leo mucha historia argentina. De los ´70 en adelante. Libros densos pero necesarios. Para mí, al menos.
Y los libros que me leen por estos días son dos. No recuerdo sus nombres. Basta con que ellos sepan el mío.
lunes, 13 de agosto de 2012
Contar la propia historia
O contar esas partes de la historia personal que uno recuerda. O que registra de la manera en que el propio recuerdo quiere. O puede.
La vida está hecha de momentos. O de retazos. O de pinceladas. O de la suma de partes que conforman un todo. O la parte de un todo.
A Philipe Pozzo di Borgo la vida le es obediente hasta que ocurre lo inesperado. Y todo cambia. Ahora hay que reescribir el guión personal. El de antes ya no encaja.
Eso no significa que la felicidad haya muerto. Ni los deseos. Ni el amor...
La película "Amigos intocables" está basada en el libro que escribiera Pozzo di Borgo, ex director de Pommery, después de un accidente que tuviera mientras volaba en su parapente.
Vale la pena. El libro, también.
Contar la propia historia resignifica y ayuda a sanar...
viernes, 8 de junio de 2012
El Ray ha muerto
Ávido lector. Autodidacta. Curioso. Dueño de una imaginación desbordante. Visionario. Escritor y filósofo lúdico...
Ray Bradbury interceptó mi camino cuando yo andaba a paso lento y premeditado, calculando lo que haría en los minutos siguientes y en los subsiguientes, sin dejar mucho espacio para la espontaneidad libre y riesgosa. Todo lo contrario a cómo concebía él la vida: sin límites, abundante y ostentosa, repleta de puertas para abrir e ir a jugar.
Fahrenheit 451, ese libro crepitante que osé leer a mis 19 años me reflejó en un espejo en el que hasta ese momento no me había mirado. Pero no pude sostener durante mucho tiempo la mirada. Tanto fuego en esa mente gélida podía dejarme fuera de combate demasiado pronto. Así que suspiré, como cuando la nostalgia trae de regreso un perfume tan amado, y dejé que la tía Mildred siguiera marcando los pasos a seguir.
Clarisse tendría que esperar.
Hay veces en que un libro llega demasiado pronto a nuestra vida. Trae augurios de algo que debe ser en un futuro próximo, cercano, pero aún no estamos listos. Nos gana el miedo. El qué dirán. Los prejuicios. Los mandatos. Las viejas creencias...
Pero el fuego, cuando se enciende, no contempla lo que va devorando a su paso. Su esencia es arder. Y hacer arder.
El papel arde a esa temperatura: 451 fahrenheit. ¿Y un corazón humano?
Ray Bradbury. Ray Bravery. Ray of light...
Cuando un corazón toca a otro corazón (enciende a otro corazón) ya puede descansar en paz.
Victoria Branca
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Libros
sábado, 19 de mayo de 2012
Vivir es una especie de locura
Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida.
Vivir es una especie de locura que la muerte comete. Porque en ellos vivimos, vivan los muertos.
Hace tantos años que me perdí de vista que vacilo en encontrarme.
Si no digo la verdad es porque está prohibida.
Mi vida está hecha de fragmentos.
Yo trabajo entre ruinas.
Todos estamos sujetos a la pena de muerte.
Ya he nacido lo suficiente como para intentar expresarme con palabras torpes.
Vivo perdiéndome de vista.
Extraigo mis sentimientos y palabras de mi noche absoluta.
El peor plagio es el que se hace de uno mismo.
Vivir es un acto que no he premeditado. He brotado de las tinieblas.
Clarice Lispector
Un soplo de Vida
miércoles, 11 de abril de 2012
Autobiografía de un artista

"Cuando la serenidad del taller me lo permite, en un alto del trabajo reviso mi acopio de papeles amarillos, y vuelven a mi mente los días expedicionarios de mi juventud, cuando la tentación del viaje me llevaba a los sitios más perdidos en el mapa.
Un día en Ceilán, otro en París iban quedando sellados en mi pasaporte, en un itinerario inacabable que yo me imponía, fiel a mis ansias de recorrer el mundo.
Siempre digo que viajar es correr paralelamente con la vida, y si ese viaje está enganchado a la acción del trabajo y el aprendizaje, la cosecha premiará nuestro regreso.
Por eso, ahora que los años debilitaron este ímpetu, cuando miro los mapas o recorro las páginas de los viejos libros me siento participando en las aventuras de todos aquellos que un día se atrevieron a zarpar hacia la nada buscando el algo.
A veces observo o analizo lo realizado en mi larga vida y, al enfrentarme a la variedad de temas enfocados, no sé si es verdad que hice lo que hice o no y, al revisarlo, me lo imagino.
Por momentos entro en el delirio de tocar las obras realizadas para constatar si en verdad existen o, en mi fiebre de querer hacerlas, las construí en mi mente. Pero entonces esculturas, pinturas, dibujos, grabados, vitrales, planos, objetos de toda índole, proyectos alocados, colecciones, escritos se asoman y me acechan ratificando así la realidad.
Al pasar revista, haciendo el balance de todos mis intentos, rescato los escritos que, envejecidos, dormían en el fondo de mis baúles. Y, continuando mi adicción a crear no importa qué, trato de afinar mi vista, estirar mi brazo, para visualizar o tocar todo aquello que voy descubriendo, que siento de mi autoría pero es apenas espejismo que se disipa, como una nube empujada por el viento. En medio de esta confusión avanzo mi revisación de una vida."
"Posdata",
Autobiografía de
Carlos Páez Vilaró
lunes, 2 de abril de 2012
Relatos Esenciales

Ayer me topé, en la vidriera de La Boutique del Libro, con este tesorito.
Hace rato que Hermann es mi amigo. De esos amigos mayores que en pocas palabras te transmiten su sabiduría sin estridencias. Sin jactarse de que saben.
Con su Lobo Estepario me zamarreó la cabeza.
"Lobo" se llama, justamente, el primero de los relatos de este baúl de tesoros en formato libro.
Hoy es feriado. Hay que conmemorar el inicio de una guerra siniestra. El sol está quieto y sereno cobijando la locura humana. Observándolo todo, sin juicio, desde una considerable perspectiva.
Yo no veo tan claro desde aquí abajo. Hay asuntos que me parecen absurdos. Muertes que considero innecesarias. Egos, desmedidos.
Mejor me siento tranquila bajo un árbol y mientras rezo una pequeña plegaria por los jóvenes inexpertos que se fueron, abro las primeras páginas del libro de Hesse, y hago silencio para escucharlo.
Victoria
miércoles, 28 de marzo de 2012
Libros peligrosos

El gobierno Argentino acaba de darse cuenta de que leer es un acto peligroso.
Toda persona que intente traficar libros extranjeros y hacerlos entrar al país será sujeto de investigación y careo.
Es que un libro, aparentemente inofensivo, contiene altas dosis de plomo pesado y contaminante.
Es bien sabido que leer produce adicción y que cuanto más se lee más se desea leer y uno puede pasarse la noche en vela sin procurarse el descanso reparador necesario a toda persona que quiera mantener un equilibrado estado de salud. Pero habiendo tantas sustancias dañinas en el ambiente ¿era necesario agarrárselas con la más inofensiva?
Toda vez que un objeto sospechoso (léase libro) pretenda ingresar al país, será llevado sin escalas a un laboratorio de alta complejidad para ser sometido a revisaciones y test varios en busca de su secreta toxicidad. Con ello se pretende eliminar el uso indiscriminado de tintas, lacas y barnices non sanctos. Alivio deberíamos sentir quienes desde nuestra más tierna e ingenua infancia nos vamos a la cama con uno de esos ejemplares insalubres. O quienes albergamos en nuestras bibliotecas colecciones que pueden dañar seriamente nuestra salud y alterar nuestro buen juicio.
Gracias. Gracias. Gracias, señor Moreno, por defendernos y cuidarnos.
Y le propongo, desde mi estado convaleciente, construir un pabellón de alta complejidad a un costado de Ezeiza, para encerrar de por vida a estos objetos tóxicos y nefastos. Encadénelos. No, mejor ¡entiérrelos! Aunque si esto último pudiese generar un daño letal e irreversible a la madre tierra puede usted hacer una inmensa pira y quemarlos. Como en la Edad Media.
Ésta ignorante lectora, se lo agradecerá.
Victoria Branca
martes, 21 de febrero de 2012
Ese instante efímero y poderoso

Leer a Joan Didion es hipnótico.
Cuando parece que el relato que va haciendo es trivial y ordinario se zambulle sin anestesia en el corazón del asunto y con una lucidez bestial te enrostra lo que muchos preferirían esconder por más tiempo. O ni siquiera ver.
Es que la ignorancia suele ser buenita y consoladora, no así el estado de vigilia y alerta que suele habitar a escritores sagaces y brutales como Didion.
El título del libro no está puesto al azar, por más que sea el azar despiadado lo que haya decidido el argumento central de la trama. O quizás no. El asunto es que Joan Didion no se anda con vueltas cuando relata lo que significó para ella perder a su única hija, ni tampoco vacila en cuestionarse en su rol como madre. ¿Fue lo suficientemente buena? ¿Le dedicó el tiempo que hacía falta? ¿Cómo no supo darse cuenta antes de lo que debería ser tan obvio?
Escribir suele ser fácil para quienes tienen el don de jugar con las palabras. Pero eso no garantiza que la escritura sea sincera. Mucho menos verdadera.
Joan Didion posee el talento en su totalidad: escribe bien, es extremadamente sincera y por eso mismo no puede dejar de ser verdadera hasta la médula.
Luego de perder a su marido, el también escritor y guionista John Dunne, tuvo que vérselas cara a cara con la muerte otra vez. Y de eso trata Blue Nights, de ese instante efímero y poderoso que hunde a la luz en la oscuridad, a la risa en la más absoluta mudez, a la certeza amorosa en el desconcierto más atroz.
"In certain latitudes there comes a span of time approaching and following the summer solstice, some weeks in all, when the twilights turn long and blue...
Blue nights are the opposite of the dying of the brightness, but they are also its warning."
Joan Didion
sábado, 11 de febrero de 2012
Un tiempo para leer...

Las vacaciones son una oportunidad en donde no valen las excusas para no leer. Al menos, claro, que prefieras más la vida en vivo y en directo que a través de unas cuantas hojas impresas.
Pero hay maneras de robarle minutos a la intensidad de la vida y regalárselos a ese placer tan sencillo que es echarse en cualquier lado a desgranar como las cuentas de un viejo rosario el libro que se pose en nuestra manos.
La profunda Clarissa Pinkola Estés acaba de publicar "Untie the strong woman" (no está traducido aún) una nueva recopilación de historias y relatos centrados, esta vez, en la figura de la madre como protectora y dadora de luz.
En un mundo que durante tanto tiempo exaltó la figura del patriarca y la supremacía masculina, es valioso rescatar las cualidades de la Gran Madre y Diosa que promueve la paz, y no la guerra. La compasión, y no la soberbia. La ternura, y no la frialdad.
Otro libro que acaba de darse a luz es Blue Nights, de la genial Joan Didion. Para leerlo en castellano habrá que tener un poco de paciencia.
Y la tercera en concordia, que ya está recostada con todo su desparpajo en las mesas de las librerías argentinas, es la recopilación de las memorias de Dianne Keaton. Si tienen ganas de conocer más de cerca a esta actriz maravillosa acérquense a su librero amigo y abonen su ejemplar.
Yo, Victoria Sacáan, lo recomiendo.
¡Esos es todo amigos! A leer pero, sobretodo, a vivir.
jueves, 9 de febrero de 2012
Todavía tiene cosas para decir

Paola Kaufmann es una escritora genial. Es, digo, y no era, porque aunque un autor ya no esté físicamente en este mundo (Paola murió en el año 2006, un año después de haber ganado el premio Planeta de novela) sus palabras trascienden el tiempo y el espacio.
Es una escritora genial y lamento que su vida haya sido demasiado breve, porque de otra forma hubiéramos tenido más libros suyos para disfrutar.
Escribió pocos libros (al menos los que se conocen publicados, porque uno escribe más, mucho más de lo que aparece impreso en el papel): "El lago", con el cual ganó el premio Planeta; el libro de cuentos "El campo de golf del diablo" que contiene esa rara perla que es Humor vítreo; "La hermana", sobre la vida de Emily Dickinson y "La noche descalza" (adónde estás que todavía no te leí...)
Casi todos recibieron menciones y premios. (Esto no garantiza a un buen autor, pero en este caso lo confirma y lo realza)
Y la buena y grata noticia, para mí al menos (sospecho que para unos cuantos), es que Planeta acaba de publicar una recopilación de cuentos inéditos. Con "El Salto", la vida vuelve a imponerse sobre la muerte y las palabras silenciadas de Paola se elevan por encima de tumbas y cenizas y vienen, otra vez, a darle voz a un corazón errante. A un alma vagabunda. A una investigadora de la mente y de las almas. A una genial y mordaz escritora que, según parece, todavía tiene cosas para decir.
martes, 22 de noviembre de 2011
Lo siento pero no

Hay libros que no se prestan. Son demasiado íntimos. No por lo que encierran en sus páginas, no. Si no por las veces que han sido tocados por la propia piel.
Prestarle esos libros a un ajeno sería como entregarle una noche de placer a un desconocido sin siquiera saber su nombre.
Hay libros que sólo han sido hechos para un lector. Por más que muchos se jacten de haberlos leído.
Hay libros que se leen en voz baja y a media luz.
A solas y en silencio.
Leer es un acto íntimo y develador.
¿Cómo podría prestarte ese libro que sabe tanto de mí?
Lo siento. Pero no.
Victoria Branca
martes, 1 de noviembre de 2011
Pendiendo del hilo

Dice Marianne Williamson en su libro, que una de las razones por las que caemos en actitudes adictivo-dependientes es por habernos separado (o sentirnos separados) de la fuente de la que emana todo. Llámese Dios, Ser supremo, Energía primordial, Primer principio, o como cada uno quiera denominarlo.
La sensación de vacío y sin sentido que se genera por esta distancia (o sensación de distancia) debe ser llenada para evitar ese profundo dolor. El ser humano apela, entonces, a conductas que le emboten o anestesien el sentir ya sea comiendo, bebiendo, durmiendo de más, buscando emociones fuertes o consumiendo sustancias.
"Nos anestesiamos de diversas maneras para eludir el dolor", señala, "logrando con ello generar mayor sufrimiento y oscuridad".
Lo que se busca a través del consumo (comprar compulsivamente también estaría enmarcado dentro de las conducta adictivas) es volver a sentirse a salvo y "at home" (en casa). Porque es justamente esa sensación de destierro profunda la que lleva a buscar sustitutos del amor de hogar en lugares, objetos y personas inadecuadas.
El cuerpo, ese objeto de culto, deseo y veneración de hoy, es ni más ni menos que el continente de nuestra alma. Y sólo por ello merece cuidado y respeto. No es una funda, ni una cáscara, ni el envoltorio superficial de una colección ordenada de huesos y músculos.
Sentirse a salvo y en casa tiene que ver con sentirse a gusto y completo (no dividido ni separado) "Health comes from the root to make whole" .
Caemos en actitudes desesperadas cuando perdemos esa conexión interior. Cuando sentimos que el barco se fue sin nosotros y nos dejó flotando solos en el inmenso océano, a merced de los tiburones , el frío, la noche.
Es el miedo el que nos hace creer que lo peor está por venir. Que nadie vendrá en nuestra ayuda. Y que la solución está en esos falsos placebos que nos generan mayor miedo, mayor dependencia, mayor frustración y mayor vergüenza.
El peso puede aligerarse durante un rato mientras dura el efecto de la anestesia en el corazón, pero recae con toda su fuerza en el alma cuando notamos que el miedo y el vacío siguen ahí, acechando.
Continuará...
Victoria Branca
viernes, 28 de octubre de 2011
El respeto hacia uno mismo

"De todos los juicios que entablamos en la vida, ninguno es tan importante como el que entablamos sobre nosotros mismos, ya que ese juicio afecta el propio núcleo de nuestra existencia.
Estamos en el medio de una red casi infinita de relaciones: con otras personas, con las cosas, con el universo. Y, sin embargo, a las tres de la mañana, cuando estamos solos con nosotros mismos, tomamos conciencia de que la más íntima y poderosa de las relaciones, aquella que nunca podremos eludir, es la relación con nosotros mismos.
No existe ningún aspecto significativo de nuestro pensamiento, motivación, sentimientos o comportamiento que no se vea afectado por la autoevaluación.
Somos organismos no sólo conscientes, sino conscientes de nosotros mismos. Esa es nuestra grandeza y, a veces, nuestra carga.
Nos probamos, evaluamos y cuestionamos de un modo que resulta imposible para otras especies. Nos preguntamos: ¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué propósito tengo en la vida? ¿Mi conducta se adecua éste propósito? ¿Me enorgullezco o avergüenzo de mis elecciones y acciones? ¿Estoy contento o descontento de ser quien soy?
Tenemos la capacidad de formularnos estas preguntas y la capacidad de huir de ellas. Pero las preguntas siempre están ahí, esperando una respuesta, aún cuando preferimos fingir que no existen o no nos incumben."
Nathaniel Branden
El respeto hacia uno mismo
lunes, 24 de octubre de 2011
Peso en el cuerpo, peso en el corazón

Marianne Williamson es la autora del libro "Volver al amor", un texto que incluye aquella perlita que leyera Nelson Mandela cuando asumió la presidencia de Sudáfrica luego de su excarcelación.
El texto dice: "Nuestro miedo más hondo no es sentirnos incapaces, nuestro miedo más hondo es sentirnos poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz no nuestra oscuridad lo que más nos asusta..." Y nos recuerda que estamos aquí para hacer brillar esa luz que hay dentro nuestro, que muchas veces disminuye su brillo hasta apagarse por creencias limitantes y experiencias dolorosas.
Marianne hizo popular Un curso de milagros que intenta revertir los pensamientos y creencias de base que limitan nuestra mirada positiva acerca de nuestra existencia y las circunstancias que rodean nuestra vida.
Hace unos meses publicó un nuevo libro basado en las enseñanzas del curso de milagros pero esta vez aplicado al cansador tema del exceso de peso y las adicciones.
Titulado "A course in weight loss, 21 spiritual lessons for surrendering your weight forever", indaga de manera profunda y holísitica en aquello que nos hace comer compulsivamente, elegir alimentos que no son saludables y caer en conductas compulsivas que nos alejan de una vida sana y equilibrada.
¿Por qué caemos en actitudes autodestructivas sabiendo que no nos hacen bien?, se pregunta. Y sus intentos de acercamiento a la verdad auscultan respuestas que provienen del alma y no sólo del cuerpo.
Atiborrarse de comida chatarra es una manera de anestesiar el malestar profundo. Tirarse frente al televisor a ingerir programas sin discriminación embota nuestra pena, distrae nuestra atención y hace que las horas pasen sin sentir demasiado.
Aumentar la grasa corporal genera una falsa sensación de seguridad. Al igual que el exceso de dulces y azúcares.
Un cuerpo engordado parece cobijarnos del mundo, como si nos metiéramos dentro de un abrigo gigante que nos garantizará inmunidad y protección frente a cualquier adversidad. Pero esa es otra de las mentiras en las que caemos, ya que al observar la imagen que nos devuelve el espejo sentimos mayor frustración, menos aprecio y más miedo.
El peso del cuerpo no significa nada en comparación al peso del corazón. Y mientras no ahondemos en las causas profundas que nos llevan a castigarnos con hábitos autodestructivos no podremos salir de ese círculo vicioso y negativo en el que hemos echado a nuestra alma.
El libro no está traducido al castellano aún. Si me tienen paciencia, les iré traduciendo las partes más relevantes e inspiradoras.
Victoria Branca
sábado, 16 de julio de 2011
Autoestima e Identidad

"La autoestima es una experiencia íntima: es lo que pienso y lo que siento sobre mí mismo, no lo que piensa o siente alguna persona acerca de mí. Mi familia, mi pareja y mis amigos pueden amarme y aún así cabe la posibilidad de que yo no me ame. Mis compañeros de trabajo pueden admirarme y aún así yo me veo como alguien insignificante. Puedo proyectar una imagen de seguridad y aplomo que engañe a todo el mundo y aún así temblar por mis sentimientos de insuficiencia. Puedo satisfacer las expectativas de otros y aún así fracasar en mi propia vida. Puedo ganar todos los honores y aún así sentir que no he conseguido nada. Millones de personas pueden admirarme y aún así me levanto cada mañana con un doloroso sentimiento de fraude y un vacío interno.
Una autoestima consolidada permite dar curso, dar alas, a lo que se piensa, a lo que se desea, enfrentar dificultades, no ser demasiado influenciable por la mirada de los otros, tener sentido del humor...
Se puede sobrevivir a los fracasos y a las desilusiones, negarse a los abusos, expresar dudas, tolerar cierta soledad, sentirse digno de ser amado y soportar el dejar de ser amado por una persona imaginando que puede haber otra, aunque no haya otra en lo inmediato.
La autoestima consolidada permite expresar temores y flaquezas sin avergonzarse, vincularse con otros significativos sin vigilarlos o ahogarlos, admitirse el derecho de decepcionar o fracasar.
Considerar la autoestima como necesidad básica es reconocer que actúa como el sistema inmunológico del psiquismo, proporcionándonos resistencia, fortaleza y capacidad de recuperación."
Luis Hornstein
Autoestima e identidad
Fondo de Cultura Económica
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