martes, 8 de junio de 2010

Italiano: Lección n° 3


















Dunque, cosa prendiamo?
Non so...io ho un po´ di fame... Scusi, possiamo avere il listino...il menu?
Grazie! Vediamo...
Io so gia cosa prendo...vorrei un cappucino.
Ma come? Il cappucino dopo pranzo?!
É che oggi ho dovuto pranzare presto, piú di due ora fa. Tu, Claudio, hai deciso?
Mah, non so...prendo un tramezzino. No, anzi, meglio se prendo un cornetto...Cameriere!
Prego
Dunque, un cappucino per lei, un caffé macchiato per me e una bottiglia d´acqua minerale.
Dáccordo, grazie!

lunes, 7 de junio de 2010

Ponerse en sus zapatos















Lección repetida y que no caduca: "Hay que ponerse en los zapatos del otro". Cuyo significado puede traducirse en que hay que saber estar en el lugar de ese que no sos vos, y al que seguramente aluda la cuestión, para entender sus motivaciones o desmotivaciones, su proceder, su error, etc.
Para poder meter un pie en zapato ajeno primero hay que quitarse el propio. Asunto difícil ese de descalzarse la propia orma y dejar el punto de apoyo a la intemperie...
Y ello multiplicado por dos.
Plantarse sobre el calzado ajeno puede no ser un viaje heroico. Caminar con ellos, esa es otra historia.
Según el tipo de manual de convivencia de cada hogar, ponerse en el lugar del otro significará una cosa u otra.
Algunos lo toman como una misión del altísimo y se la pasan metiéndose en los zapatos, la cartera, los papeles y todo cuanto constituya la vida privada del prójimo. Otros, están excesivamente satisfechos con su propio andar y ni se les ocurre que exista la empática posibilidad de habitar por un rato el sentir ajeno.
Están los que intuyen que esa sería una intromisión interesante, pero terminan siendo respetuosos en exceso.
También están quienes meten la punta del dedo y salen despavoridos por temor a ser tragados por quién sabe qué agujeros y remolinos.
Y existen, por gracia, quienes aprenden a hacer a un lado los temores y el egoísmo y se adentran cuando es necesario en esas vidas que se entrecruzan con la suya. Entran, perciben y salen. No permanecen allí más de la cuenta.
Pero al salir, traen como botín una mirada y comprensión nuevas.
Y al calzarse otra vez los zapatos propios, están mejor plantados que antes. Porque al animarse a abandonar por un rato las creencias personales, los propios puntos de vista, las ideas preconcebidas y los prejuicios, el mundo se ensancha.
Y también ellos.

Victoria Branca

sábado, 5 de junio de 2010

¿Qué me pongo?


















Hoy tengo una fiesta.
¿Qué me pongo?
¿Algo que disimule mis rollos y matice mi tristeza?
¿Algo que resalte mis aciertos y esconda mis miserias?
¿Un vestido recto, sobrio y atinado?
¿Uno suelto, fresco y desenfadado?
¿Me maquillo en exceso y modero los bocaditos?
¿O viceversa?

Espejito, espejito
¿Qué es la belleza?

¿Cubrirse y camuflar el alma?
¿Disfrazarse para zafar?
¿Adornar la periferia para distraer y distraerse?

Estoy algo densa para la liviandad de una fiesta,
silenciosa y distante,
en mí misma y a resguardo.
¿Qué me pongo?
¿El manto de invisibilidad de Harry?
¿El corsé de una dama del siglo XIX, que asfixie la verdad y resalte la carne?

Espejito, espejito,
no me muestres desnuda
que la vida se sostiene con ropa
y maquillaje.

viernes, 4 de junio de 2010

Cántico Existencial



















Y le dieron a luz
desde las sombras
Y su cuerpo de arcilla
se ovilló en su guarida

Los cielos inmensos
le insuflaron el alma
y los pechos generosos
lo alimentaron

Se arrimó despacito
al calor de su cuna
señalando a los astros
que giraban gloriosos

Estiró sus manitos
hasta tocar los bordes
de la existencia y
el destino

¿Qué dones le obsequiarán al niño,
que viene a la tierra entero
para luego ser dividido?

Victoria Branca

jueves, 3 de junio de 2010

Retrocede a tus Deseos



















Para descubrir lo que quieres, retrocede a tus deseos.

Hacerse la simple pregunta de "¿qué es lo que verdaderamente quiero?" no solo resulta arriesgado sino revolucionario.

El querer representa intenciones que finalmente deben hacerse públicas y que quizás entren en conflicto con lo que quieren otras personas.

Descubrir nuestros verdaderos deseos constituye una aventura heróica, un descenso a las profundidades de uno mismo.

Toda cultura es una conspiración para convencer a sus miembros de que se adecuen a lo que se considera "correcto" y "bueno".

A menudo no nos arriesgamos a permitir que nuestro verdadero querer emerja a la conciencia porque tememos el conflicto que provocará o la tristeza que sentiremos al tener que reconocer los años que malogramos conformándonos y dejándonos gobernar por las exigencias de los otros.

Extractado del libro
El leguaje de las emociones
de Sam Keen

miércoles, 2 de junio de 2010

Lady Godiva














Lady Godiva fue una heroína inglesa, casada con el Conde de Chester que vivió en el condado de Coventry en Inglaterra en el siglo XI.
Famosa por su belleza y de un gran corazón intercedió por su pueblo ante su esposo para que rebajara los impuestos ya que si ellos pagaban el monto estipulado no tenían resto suficiente para vivir.
Su esposo le dijo que le concedería ese favor si ella atravesaba desnuda y a caballo la ciudad.
Godiva, conmovida por los ruegos de las madres que le suplicaban su ayuda, accedió al pedido caprichoso del conde, pero antes pidió a sus vasallos que mandara a que la gente del pueblo se encerrara en sus casas y no mirara hacia afuera mientras ella realizaba el recorrido.
Se cuenta que el pueblo entero respetó la orden de su dama excepto un pícaro sastre, luego apodado peeping Tom, que espíó a través de las persianas y luego quedó ciego.
Tennyson, el poeta, escribió un poema inspirado en la leyenda donde escribe:

"The woman of a thousand summers back, Godiva...
Clothed with chastity,
built herself an everlasting name."

"Godiva, la mujer de los mil veranos en su espalda...
revestida de castidad,
hizo de su nombre una leyenda eterna."

martes, 1 de junio de 2010

I´m knitting in the rain...
















No sé si fue el frío o el impasse del Bicentenario, pero se me dió por tejer.
Fui a una mercería de mi barrio y compré agujas y lana, y sin preámbulos le pedí a la dueña que me refrescara cómo era el asunto.
Elegí un ovillo gris claro y me lancé a tejer una bufanda para mi hija menor.
Ya casi la termino. Sólo me queda volver a lo de la Mercera (¿se dice así?) para que me refresque también de qué manera se cierra el asunto.
Cerrar los asuntos... ¡Qué tema!
Tejer tiene algo de mágico para mí. Me remonta en un mismo segundo a mi abuela (pero ella me hacía vestidos con su máquina de coser) a una chimenea y un piano. A la sensación de hogar y seguridad. A ser arropada como una niña...
Tejer es para mí una forma de meditar.
Rozar las agujas como si fuesen pequeñas espadas benignas mientras entrecruzo el hilo de lana, me centra. Me enfoca. Me conduce lejos del vértigo del mundo exterior hacia un sereno refugio interior.
No pretendo ir más allá de las bufandas (tampoco quiero ser cargosa con la simpática mercera) así que seguiré coqueteando con las agujas a mi modo.
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