jueves, 10 de febrero de 2011

Anam Cara



















Acaba de reeditarse el discreto y luminoso tesoro que John O' Donohue desenterró para el mundo. Se trata de Anam Cara, el libro de la sabiduría Celta.
Desde hace varios años es uno de mis libros de compañía, esos que van conmigo a todas partes.
Anam Cara es, como devela su etimología celta, ese amigo del alma que está siempre dispuesto y disponible y cuyo corazón encierra esa sabiduría perenne y sencilla que no alardea.
Su sapiencia está al alcance de todos, por eso no utiliza fórmulas rebuscadas ni un lenguaje complejo para compartir lo que sabe.
Además de la riqueza infinita del decir de sus páginas hay, salpicadas como al descuido, varias bendiciones.
John O' Donohue era un poeta. Y un caminante lleno de luz. Un místico espiritual y sensual que supo dejar que su alma tomara la delantera y lo llevara a vivir su vida como una fascinante y sagrada aventura.
A eso nos invita Anam Cara, a aventurarse sin miedo en el territorio caótico y rebosante de vida de la propia existencia confiando en que "tu alma conoce la geografía de tu destino y sólo ella tiene el mapa de tu futuro."


Victoria Branca

martes, 8 de febrero de 2011

Un tiempo para cada cosa














Todo tiene su momento bajo el cielo
y hay un tiempo para cada cosa:
Un tiempo para nacer
y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar
y un tiempo para arrancar lo plantado,
un tiempo para demoler
y un tiempo para edificar,
un tiempo para reír y un tiempo para llorar,
un tiempo para lamentarse
y un tiempo para bailar,
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse,
un tiempo para perder
y un tiempo para buscar,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar lo guardado,
un tiempo para coser
y un tiempo para rasgar,
un tiempo para hablar y un tiempo para callar,
un tiempo para odiar
y un tiempo para amar,
un tiempo para la guerra
y un tiempo para la paz.

Eclesiastés 3, 1-8

domingo, 6 de febrero de 2011

Ese efímero equilibrio



















Entre una idea sostenida y un nuevo pensamiento

Entre las viejas creencias y los nuevos horizontes

Entre aquello que me contaron y esto que descubro

Entre la planificada organización y el alocado deseo

Entre las expectativas ajenas y el albedrío personal

Entre lo escrito en el pasado y lo que esboza el porvenir

Entre la lógica matemática y el garabato pasional

Entre lo que dictan los manuales y lo que deslizan los sueños

Entre un antiguo recuerdo y una vivencia real

Entre el murmullo de la gente y el susurro de mi soledad

Entre la imágen proyectada y el reflejo verdadero

Entre la multitud de palabras y el austero silencio

Entre ellos y yo

Entre tu y eso


Victoria Branca

viernes, 4 de febrero de 2011

Palabras de Autor



















Ser escritor no consiste sólo en escribir libros, sino en mucho más: es una actitud ante la vida, una exigencia y un compromiso.

Escribir es hacer retroceder a la muerte, es dilatar el espacio de la vida.

Escribir es una transfusión de sangre hacia afuera.

Mi trabajo como escritor consiste en despertar a esos hombres vivos que, por el hecho de estar muertos, están vivos.

Una obra que se pretende realizar es siempre un destino que empieza.

Al principio, respondía que escribía para que la gente me quisiera. Luego, esta respuesta me pareció insuficiente y decidí que escribía porque no me gustaba la idea de tener que morir.
Ahora, digo, y quizás eso sí sea cierto, que, en el fondo, escribo para comprender.

Somos las palabras que usamos. Nuestra vida es eso.

Cada libro escribe siempre al mismo autor.

Somos todos escritores, sólo que algunos escriben y otros no.


José Saramago
"En sus palabras"

miércoles, 2 de febrero de 2011

Namasté



















Albert Einstein aprendió la palabra namasté y su significado al ver a Mahatma Gandhi en un documental saludando a la gente en las calles de la india con la cabeza gacha y las manos juntas.
Escribió a Gandhi para preguntarle qué decía.
Gandhi respondió: "Namasté. Significa 'honro el lugar que hay en tí donde reside el universo. Honro el lugar que hay en tí de luz, amor, verdad, paz y sabiduría'".

Namasté alberga en su interior un mensaje de paz y armonía y saluda la conectividad y divinidad de todos los seres

Namasté transmite una señal clara de que no estoy armado y no voy a atacarte

Es mucho más que un símbolo de paz. Reconoce que nadie, ni un solo miembro de la familia humana, está exento de recibir unos dones que le pertenecen única y exclusivamente a él.

Reconocer (conocer de nuevo) nuestros dones naturales es como volver a casa. Así, pues, uno regresa a su ser auténtico y genuino (genuinus, lo que es innato en uno)

Cuando uno reconoce y utiliza sus dones naturales (aquellos con los que nació) está mostrando su genialidad (el genio que todos llevamos dentro) y ese genio está allí para conceder y hacer realidad cada sueño personal.

Extractado del libro "El poder de las palabras",
de Kevin Hall

lunes, 31 de enero de 2011

La casa más linda de la playa














Todavía no termino de decidir qué es lo que más me gusta de esta película, si es la belleza inalterable y fresca de su protagonista que ronda los 60, sumado al hecho de que sea escritora y tenga la casa más linda de la playa; o la seguidilla de gags acertadísimos y la química genial entre todos los que actúan en la película.
Pensándolo bien, no deberían importarme las razones. ¿O acaso uno siempre sabe por qué le gusta mucho algo?
El asunto es que "Alguien tiene que ceder" (así la tradución al castellano de "Something´s gotta give") es de esas películas que puedo ver veinte veces al año sin cansarme.
Diane Keaton está genial. Keanu Reeves es un bombón. Jack Nicholson está fuera de toda categoría y hace un papel a medida. Los escenarios son maravillosos (¡¡¡esa casa!!!) y el basamento perfecto que sostiene la trama y las excelentes actuaciones es, sin lugar a dudas, el magnífico guión.
Si no la vieron aún, imperdible.

miércoles, 26 de enero de 2011

Los recovecos del Alma

















Retirarse de la vida cotidiana es como salirse de la frecuencia del tiempo. Los ritmos se hacen más lentos. Las preocupaciones se debilitan. Pareciera que la marcha de todos los días quedara suspendida en un espacio de gravidez, ajena a toda la gravedad que le imprime el mundo moderno y sus dictámenes.
Salirse por un rato de la autopista del deber y los quehaceres puede ser uno de los devíos más acertados en el curso de la propia vida.
Buscar un refugio de paz en medio de la jungla citadina se ha convertido en una de las necesidades básicas para mí. La hecatombe de ruidos incesantes, de estruendos emocionales, de exabruptos del alma que ha quedado atrapada entre las rejas y las redes sociales, entre los entuertos del pasado y las inclemencias de un presente precipitado, a merced de los hilos que teje y desteje a su antojo el pulso de la hiper modernidad, me expulsan hacia adentro. Adonde no hay titiriteros ni ilusionistas. Donde el silencio y la calma son la moneda de intercambio habitual. Donde no es pecado ni inercia no hacer nada. Donde el pensamiento cotiza en baja y el mal humor es un rumor lejano que se pierde en el horizonte.
Los recovecos del alma pueden ser sinuosos, sí, pero de recorrido obligatorio si quiero andar mi propio y personal camino.
No cuento los kilómetros que faltan para llegar. Voy andando. Paso a paso. Con la única certeza de que no hay certezas. Sólo esta vida que me ha sido dada, y cuyo significado se me va revelando al andar...

Victoria Branca
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