
Es más cómodo y menos peligroso caminar junto a los míos. Ir de la mano, si es posible, y mirar todos hacia el mismo lado.
Deberemos sintonizar el ritmo y la presión de la pisada. La respiración y las pulsaciones.
Iremos en bloque impulsados por las mismas convicciones. Bajo ningún punto de vista (que no sea el nuestro) miraremos hacia los costados. No importa lo que suceda a nuestro alrededor, nos mantendremos firmes y perseverantes porque el mundo es de los que no vacilan.
Entonaremos la misma canción. La que aprendimos en nuestra niñez guiados por nuestros padres. Cantaremos al unísono unificando todas las voces.
Usaremos las mismas ropas y los mismos preceptos. Nos sentaremos en las mismas sillas y nos reiremos de las mismas cosas. Usaremos la misma vara para medir al resto, pero entre nosotros no habrá medida.
Podremos mirar hacia atrás sólo para reverenciar a nuestros antecesores. Pero sostendremos la mirada en alto y hacia adelante.
El único peligro, del que nos defenderemos a pesar del miedo serán ellos: los otros.
Victoria Branca






