domingo, 25 de diciembre de 2011

Una Bendición














Que tus pasos te lleven en dirección a tus sueños.
Que encuentres en el camino quienes te recuerden que estamos aquí de paso,
pero que nadie está de más.
Que conozcas en profundidad la alegría y también el dolor,
porque así podrás ser reverente con la alegría y el dolor ajenos.
Que lo ajeno sea cada vez menos desconocido y más tuyo.
Que aunque caigas puedas ponerte de pie y emprender la marcha otra vez.
Que aunque dudes puedas confiar.
Que aunque sufras puedas amar.
Que aunque te hieran puedas perdonar.
Que aceptes y cuides a quien te ha sido dado a cargo: tu mismo.
Que te permitas disfrutar y celebrar lo que la vida vaya presentándote en el camino, y cuando no encuentres razones para festejar, que encuentres a alguien que celebre y festeje tu existencia.
Que la naturaleza te enseñe, te cobije y te inspire.
Que haya música y danza en tu haber.
Y cuando te pierdas en medio del tumulto,
que tu alma te lleve de regreso a casa y te recuerde para qué te trajo a este mundo.

Victoria Branca

viernes, 23 de diciembre de 2011

Mi Deseo


















Querido Papá Noel,
esta navidad no quiero pedirte nada especial. Si tengo que ser sincera, y no oportunista, debo confesar que en lo más profundo de mi ser me siento infinitamente bendecida.
Que yo a veces no me sienta en sintonía con la la sabiduría de la vida no significa que me falte algo.
Se que todo está bien, aún aquello que yo quisiera cambiar a mi capricho. Sé que están junto a mí los que tienen que estar, y los que no, tenían otros planes.
No creo que nadie me deba nada, lo que no llegó hasta mí no estaba en mi hoja de ruta.
Intuyo que los engranajes del mundo giran en sentido diferente a los círculos que no son de este mundo. Y yo me pierdo, muchas veces, en la rotación alocada e incesante en la que nos perdemos tantos. Pero aún así, está bien que así sea. O, al menos, no está mal. Porque ¿qué es el mal? ¿Según la mirada de quién algo cae del bando de lo bueno o el de lo malo?
La vida es una suma fascinante de experiencias y yo, hoy, no quiero perderme de nada.
Las oportunidades llegan a la estación más cercana, sólo algunas veces se detienen en mi puerta y, cuando es así, ¡más vale que esté pronta y dispuesta a aprovecharlas!
Con la edad fui sumando temores nuevos y venciendo otros. Pero tengo miedos que a veces me impiden lanzarme confiada a lo que la vida me propone. No sé cuál sea la receta secreta y perfecta para desterrar los propios miedos pero mientras tanto respiraré hondo y repetiré en silencio algun mantra poderoso.
No creo que haya cosas para las que sea tarde aunque sí pienso que hay ciertas cosas que es mejor dejárselas a los más jóvenes o los más osados. Las otras, las que aletean cerca de mi alma de manera insistente, esas quiero hacerlas. Voy a hacerlas.
No espero regalos materiales para esta Navidad. Pero si en medio de tu extensa jornada laboral encontrás un hueco para deslizarte por mi chimenea, te pido que le hagas unos pases mágicos a mi guitarra. Está un poco vaga, la pobre. A ver si se desenfunda, se afina y se posa sobre mis piernas.
Del resto, me ocupo yo.
Con todo mi agradecimiento, te saludo en vísperas del día más agitado de tu año,

Victoria

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Correo para los que ya no están


















Es inevitable, cuando se acercan celebraciones y festejos, no acordarse de los que ya no están.
Las fiestas reúnen a los seres queridos, los congregan alrededor de la mesa para compartir el año que pasó. Si hay asperezas o rencores, se intenta hacer una tregua para esas fechas, y si no, la tristeza se hace más palpable comparada a la alegría que promueven los que desean festejar.
Cuando el corazón aún transita el sabor amargo de la ausencia se hace difícil participar de estas fiestas. No se tienen la fuerza ni las ganas. Más que nunca se hace grotesco el espíritu navideño. No porque sea falso, sino porque no es acorde al réquiem que entona el alma.
Las fechas son inamovibles, al igual que el estado de ánimo. Aunque se intente disimular la pena profunda que inunda el corazón, el dolor está más presente que la euforia. Y está bien que así sea. ¿Quién dijo que la noche buena deba ser una fiesta alocada, de risas forzadas y ruidos estruendosos?
La navidad recuerda un nacimiento que tuvo lugar en un simple pesebre. Sin multitudes. Sin mesas atiborradas de comida ni apremios y prisas por resolver asuntos de última hora.
El nacimiento ocurre en plena noche. En el más absoluto y reverente silencio. Puertas adentro. Ajeno a las miradas indiscretas y las críticas insensibles. Lejos del mundanal ruido. En lo secreto.
Y allí, en lo secreto, es donde ocurre el milagro.

Victoria Branca

martes, 20 de diciembre de 2011

¿Cuáles son tus deseos?















Parece una pregunta trivial y obvia, pero no lo es.
Muchas veces sabemos mejor lo que no queremos que aquello que deseamos.
Desear no es lo mismo que querer. Es más intenso. Es más profundo. Es más visceral. Y está conectado, la mayoría de las veces, con nuestra verdadera esencia.
Los deseos son avenidas por las que circula nuestra pasión. Me refiero a ese pathos que nos conmueve y nos empuja en dirección a nuestros sueños, hacia los objetivos que traza nuestra alma aún antes de plasmarse en nuestro cuerpo.
Los deseos permanecen, a veces, dormidos en algún rincón del corazón, aletargados, esperando que se encienda esa chispa que los dispara como un fuego (para nada artificial) hacia el espacio. Y los ubica temporalmente en el tiempo en que transcurre nuestra vida.
Los deseos son turbinas y motores que propulsan aquello que vinimos a hacer aquí en la tierra.
No son caprichos. Nos son modas ni tendencias. No están adulterados ni homogeneizados. No contienen aditivos ni conservantes. Pero si no se los pone en marcha, caducan. Porque los deseos no cumplidos son sueños vencidos. Y el sabor que dejan en el pecho y en la boca es amargo.
No es egoísta preguntarse por los propios deseos. Es parte de la condición humana y, sobretodo, un derecho.
Quien pasa de largo y desoye la voz de los deseos lo paga tarde o temprano. No en forma de castigo sino en forma de tristeza.
Mirar hacia atrás y darse cuenta de que hubo pocos deseos propios lanzados a viva voz a este magnífico escenario que es la vida provoca desasosiego.
Por eso, porque no es tarde, y porque aún hay tiempo, ¿cuáles son tus deseos?

Victoria Branca

lunes, 19 de diciembre de 2011

La punta del Iceberg
















Decía Hemingway que él siempre trataba de escribir teniendo en mente el principio del iceberg: que es siete veces mayor lo que se esconde debajo del agua que lo que se ve en la superficie.
Si lo que se ve es apenas una punta de lo que se oculta bajo el agua, si lo que se dice es una ínfima parte de lo que se calla, ¿Cómo puede conocerse la historia completa?
Una historia se va desenvolviendo de a poco, no sólo para el que la vive, sino también para quien la cuenta.
Tener que explicarlo todo es menospreciar al lector. ¿De qué sirve darle de comer en la boca a quién desea ponerse de pie y servirse él mismo de la fuente?
No vemos la realidad tal como es, sino tal como somos; reza otro dicho. Con los cual un mismo libro será infinitos libros según la infinidad de lectores que se reflejen en él.
Leer es un acto de libertad (o al menos debería serlo). Nadie marca el ritmo y la profundidad de la lectura más que quien lee en ese momento. Y nadie puede imponerle al lector (ni siquiera el autor) qué frases quedarán grabadas en las retinas de su alma y qué otras desaparecerán de un soplido.
Escribir la propia historia es, además de un acto de arrojo, una zambullida a esos huecos profundos de la memoria, donde hay restos encallados, tesoros estancos, peces, corales, cadáveres...
El capitán del Titanic no vio siquiera la punta del iceberg. A algunos lectores les pasará lo mismo. Seguirán de largo donde hubiera sido menester pasar la noche.
La corriente arrastra a todos por igual y hacia el mismo lado. Pero mientras algunos se desesperarán por arribar pronto a la costa donde sentirse a salvo, otros se dejarán llevar por los vaivenes del agua hasta ser depositados en la orilla.
En la superficie se está a salvo, en las profundidades acecha el peligro.

Divagaciones de una autora frente a la página en blanco...

Victoria Branca

viernes, 16 de diciembre de 2011

Peras al Olmo


















Todo tiene su momento bajo el cielo.
El lugar que ocupo,
la voz que me expresa,
las manos con las que toco,
los ojos para captar lo posible,
la mente para acceder a lo imposible...

Celebra la vida quien la agradece.
Maldice los días quien pierde el rumbo.
Añora el que no suelta
y pretende volver sobre sus pasos.
Pero los pasos se disuelven en la tierra
y los que no,
no me pertenecen.

Lo que es efímero aún trasciende,
y lo que no
calcifica.

No soy dueña de nada,
ni siquiera de mí misma.
La ilusión divide.
La quietud,
magnifica.

Victoria Branca

jueves, 15 de diciembre de 2011

La vida es aquí y ahora


















1) No obedezcas órdenes de nadie, a no ser que también provengan de tí mismo. (Never obey anyone´s command unless it is coming from within you also)

2) No hay más Dios que la vida misma. (Theres is no god other than life itself)

3) La verdad está dentro de tí, no la busques en otro lado. (Truth is within you, do not search elsewhere)

4) El amor es oración. (Love is prayer)

5) Convertirse en nada es la puerta hacia la verdad. La nada es el medio, el objetivo y la meta. (To become a nothingness is the door to truth. Nothingness itself is the means, the goal and the attainment)

6) La vida es aquí y ahora. (Life is now and here)

7) Vive despierto. (Live wakefully)

8) No nades, flota. (Do not swim, float)

9) Muere a cada momento para que puedas ser de nuevo a cada momento. (Die each moment so that you can be new each moment)

10) No busques más, lo que es, es. Detente y mira. (Do not search, that which is, is. Stop and see)

Los diez mandamientos de Osho,
Osho´s ten commandments
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