
Que el viento sople siempre
en mis oídos
y haga del rumor incesante
melodías y cánticos.
Que la noche sea mi maestra
y cobije
en su cuna profunda
los profundos anhelos de mi alma.
Que la lluvia me bautice
una y otra vez
hasta que, desnuda,
pueda ver mi reflejo en todo.
Que la tierra me nutra
y me sostenga
con el humus sabio
que me devuelve la humanidad.
Que el sol queme
mis vanidades
y encienda con sus rayos
la luz que he de hacer brillar.
Que la luna acreciente
las mareas de mi pecho
y que bese mi corazón
todo corazón.
Que el cielo y la tierra
se desposen
y nazca de su lecho
mi verdadero nombre.
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