jueves, 8 de julio de 2010

Inquieta en la noche sombría











Es una cosa admirable mirar un objeto y encontrarlo bello, reflexionar sobre él, retenerlo y decir en seguida: me voy a poner a dibujarlo y a trabajar entonces hasta que esté reproducido.
Es evidente, desde luego, que ésta no es una razón para sentirme satisfecho de mi obra hasta el punto de creer que no tendré necesidad de mejorarme. Pero el camino para hacerlo mejor más tarde es hacerlo hoy lo mejor que pueda, entonces el progreso vendrá mañana naturalmente.
El pequeño dibujo que te adjunto es un trozo sacado de un gran estudio que tiene una expresión más sombría. Hay un poema de Tom Hood creo, en el cual habla de una gran dama que no puede cerrar los ojos en toda la noche porque habiendo salido durante el día para comprar un vestido había visto trabajar en un cuarto lleno de humo a unas pobres costureras pálidas, tuberculosas y agotadas. Y he aquí que su opulencia le produce remordimientos de conciencia y que se despierta de noche llena de angustia. En una palabra, es una figura de mujer esbelta y blanca, inquieta en la noche sombría.
Mauve me reprocha por haber dicho: "yo soy un artista", pero no me retracto, porque es evidente que esta palabra lleva implícita la significación de: "buscar siempre sin encontrar jamás la perfección".
Es precisamente lo contrario de: "ya lo sé, ya lo he encontrado".
Esta frase significa por lo tanto, que yo sepa: "yo busco, yo persigo, y lo hago con todo mi corazón".

Extracto de la Carta que le enviara Vincent Van Gogh
a su hermano Theo desde La Haya,
en Abril de 1882


La pintura es de Vincent
y es un detalle de "Sorrow"

miércoles, 7 de julio de 2010

No hay nada sombrío


















Y se muestra así: desnuda.
Sin poses
ni pretensiones.
Se extiende más allá
de sus bordes
y los de la vida misma.
Deja
que el agua la penetre
y juntos conciben.
El fruto no dura.
No dura.
Pero es dado a luz.
No hay nada sombrío.
Sólo destellos
de eternidad.

Victoria Branca

martes, 6 de julio de 2010

Pequeño Paraíso














En Bath, Inglaterra, existe un pequeño paraíso.
Sobre la calle paralela a la principal, donde abundan los locales comerciales y la horda de gente que los frecuenta, se esconde un refugio para la lectura.
Es la librería de Mr B.
Tiene dos pisos. El de abajo se parece a una librería cómún.
El de arriba, ¡ah! esa es la antesala del Edén.
Hay libros apoyados por todos los rincones. No sólo en sus estantes, sino sobre sillas y mesas, generosamente expuestos para que los recién llegados los toquen y los abran sin miedo.
No hay empleados fizgones ni malhumorados, tan sólo libros y libros y más libros dispuestos a ser hojeados por la avidez de las manos.
Un discreto y luminoso living ofrece dos sillones para la lectura, junto a una bandeja de café recién hecho y un tarro de vidrio con galletitas caseras.
Sí, gratis. ¿Por qué habríamos de cobrarlo? En el paraíso todo es dádiva... -Imagino que contesta el St Peter que está detrás del mostrador.
Aturdida por sentir que tengo todo ese lugar a mi entera disposición (no hay nadie a esa hora del mediodía) elijo unos diez libros y los apilo entre mis brazos.
Me ubico en el sillón que más me gusta (el verde) y apoyo los libros en la mesa de arrime.
Abro el tarro de galletitas y saco una. Miro a mis costados para confirmar que no, no estoy robando, y me instalo en el sillón con la intención de quedarme un buen rato ahí.
Hojeo un libro de Borges en inglés. Uno de Manguel sobre la lectura. Otro de mariposas del mundo. Uno que se llama "Life lessons", pero que no es el de Elisabeth. Una guía de Praga. Uno de Tennyson. Otro de Jane Austen...
Ya hace una hora que leo y hago asociaciones libres. Bien libres.
Se acerca el fin de la terapia. De la "biblioterapia", como reza el pizarrón que tengo frente a mí.
No, no les debo nada a mis terapeutas, los libros. O, más bien, se los debo todo.

lunes, 5 de julio de 2010

Esa fatal arrogancia














De creer que mis ojos ven con suma claridad.
De asumir que mi pensamiento es correcto y el de los demás equivocado.
De confiar en exceso en mi juicio y desconfiar del ajeno.
De erigirme en crítico despiadado de aquél que no soy yo.
De pensar que soy capaz de develar algún misterio.
De dar crédito a mis sospechas y razón a mis razones.
De erigirme en modelo y respuesta.
De resaltar mis virtudes y de esconder mis miserias.
De hacerme obtusa a lo nuevo y condenada a lo sabido.
De multiplicar mis errores disfrazados de aciertos.
De instalarme en la ceguera.
De ensordecer la verdad.
De acallar la voz que sabe.
De alejarme de lo que me incomoda.
De echarme a dormir sobre lo que no me cuesta.
De traicionar mis ideales para ser aceptado.
Esa fatal arrogancia de creer que lo sé todo...

Victoria Branca

La foto fue sacada en Les jardins del Tuilleries,
en Paris

sábado, 3 de julio de 2010

Pequeño duelo














Me puso triste que la argentina haya quedado fuera del mundial.
Estoy haciendo mi pequeño duelo.
Es verdad que para vencer al contrincante hace falta estrategia pero yo me quedo con la pasión.
Y eso se vió en el campo de juego.
Fue un encuentro intenso.
Y por eso, porque me entregué a vivirlo con intensidad, ahora, que perdimos, estoy de duelo.
Y mañana.. mañana mi alma me dirá al oído que ya es otro día.

La foto la saqué en París, camino a la casa de Balzac

viernes, 2 de julio de 2010

Yo confieso


















No me gusta que me digan lo que tengo que hacer, ni cómo.
Mucho menos que intenten dirigir mi vida.
Al que pretende cortarme las alas le hago tal revuelo que finalmente resuelve irse a desplumar a otra parte.
Me irritan los piqueteros de mi libertad.
Y los que entorpecen la pista de despegue del otro porque a ellos no les da el combustible ni la carrocería para remontar nada.
Fuera!
Pero a vos, Clint, te dejo que me dirijas como quieras.
Soy tu esclava.
Tu súbdita y servidora.
Hacé de mí lo que quieras..

jueves, 1 de julio de 2010

Senderos que se bifurcan

















Las largas caminatas son peligrosas. Aventurarse fuera del territorio conocido puede abrir esa caja de pandora que es la mente y liberarla, de una vez, para que deje de operar en márgenes estrechos y se expanda más allá de toda frontera.
Y uno, en ese estado de liviandad despreocupada, puede llegar a interconectar pensamientos tan opuestos e ideas tan disparatadas que hasta pueden resultar genialidades.
Seguir a paso veloz el hilo de algún pensamiento original requiere valentía. Hay que hacerse cargo, luego, de esa visión revelada que ya no muestra el asunto reflejado en las paredes de una caverna, sino en toda su realidad, a campo abierto.
Y en toda revelación, que es un regalo, se abre ante nuestros pies un sendero nuevo. Virgen. Impoluto. Aquél que antes no existía y ahora es la puerta de acceso a una comprensión recién nacida.
"La verdad es una tierra sin senderos", decía Krishnamurti, tal vez por eso de que el camino es personal y único, y se va haciendo al andar. Porque si había un camino hecho, no era el nuestro, sino el de otros que lo inauguraron con sus propios pensamientos. Y sus personalísimos pasos.
Y eso requiere, sí, un cierto arrojo, y ese desparpajo que anima el espíritu y lo despabila, para que deje de transitar como zombie y empiece a sentir el peso fuerte de cada pisada que da. Y observe, con ojos bien abiertos, la huella que queda estampada como un sello detrás.
Un sendero, tarde o temprano, se bifurca.
Y establece nuevas conexiones con otros senderos. Y con pasadizos. Y en algún punto acaba, como acaba todo en el ciclo de la vida.
Es triste darse cuenta de que uno anduvo un largo rato transitando caminos ajenos. Pero más triste aún es olvidar que nunca es tarde para inaugurar el propio.

Victoria Branca
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