miércoles, 29 de septiembre de 2010

Hoy es mi cumpleaños


















Voy a ver si de regalo me procuro un par de estos...

martes, 28 de septiembre de 2010

Aquella vieja estación


















Si bien la vida se vive hacia adelante, se comprende hacia atrás, decía kierkegaard. Queriendo decir, tal vez, que es necesario moverse en dirección al futuro para experimentar la vida, pero que es revisitando el pasado donde extraemos la información que nos ayuda a entender la trama.
El pasado suele cobijar vivencias que muchas veces no queremos recordar. Por eso intentamos subirnos a un tren veloz para escaparnos pronto a otra estación, que nos deje lejos y a salvo de las heridas viejas.
Pero "donde vayas, allí estarás", reza el dicho. No importa qué piruetas y malabarismos hagamos, los asuntos pendientes revolotearán en cada estación en que descendamos, por más lejos y negados que estemos en mirar hacia atrás.
Las vivencias que tuvimos a lo largo de nuestra historia nos pertenecen. Y aunque nos resulten dolorosas e incomprensibles, forman parte de nuestra anatomía espiritual. Querer dejarlas tiradas por el camino no hará que desaparezcan mágicamente de la faz del corazón, ni del recuerdo. Reprogramarse para hacer de cuenta que esas páginas de nuestra geografía no existieron tampoco aliviará el vacío en nuestro interior. O el enojo. O la tristeza honda y persistente.
Es profundamente conmovedor volver un día a aquella vieja estación donde quedó detenido parte de nuestro pasado. Donde aún aguardan, expectantes, esas partes tan nuestras. Pareciera que uno volviera a calzarse esos zapatos diminutos de cuando era niño y todo se confabulara para recrear la niñez de una manera vívida y sorprendentemente real.
Hace falta coraje y una dosis de inconciencia, es verdad. Pero pueden ser inmensas las bendiciones que el universo derrame sobre el loco que regresa atrás en el tiempo para recuperar partes de sí mismo.

Victoria Branca

jueves, 23 de septiembre de 2010

Amor de chocolate


















Uno de los antojos que más extraño en este plan nutricional de "descenso de peso y aumento de la autoestima y la salud" en el que me embarqué, es el helado. Perdición para la flojera de voluntad. Hechicero de la carne trémula y débil. Tentación deliciosa por la que estaría dispuesta a pasar una larga temporada en el infierno. Ni hablar si viene en combo con película romántica. ¡Deme dos!
Pero mi parte estoica se ha puesto de pie después de años de dormir a pata suelta entre las grasas trans y saturadas y luego de emparejarse descaradamente con azúcares varios y me tiene a raya. En el rincón, más bien. Con la ñata contra un vidrio que me impide tocar con la punta de la lengua la consistencia helada y deliciosa del chocolate con almendras o el dulce de leche con nuez.
"Te lo merecés, golosa descocada", me dice mientras yo me retuerzo de añoranza y mis papilas gustativas entonan un amargo réquiem de abstinencia.
Está bien. Lo acepto. Es el precio que hay que pagar para verse como una quiere. Pero te aviso que apenas llegue al peso deseado me voy corriendo a Freddo y me pido el cucurucho gigante de dulce de leche único para festejar.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La Diosa Virgen


















El aspecto de diosa virgen es esa parte de una mujer que no es poseída o que "no es penetrada" por un hombre, que queda incólume por la necesidad que tiene de un hombre o la de ser validada por él, que existe completamente separada de él por derecho propio.
Quiere decir que una parte de ella es psicológicamente virginal.
Cuando una mujer es "completa-en-sí-misma", hace lo que hace, no por algún deseo de agradar, no para gustar o ser aprobada, ni siquiera por sí misma; no por algún deseo de obtener poder sobre otra persona, para captar su interés o su amor, sino porque lo que hace es verdad. Su acción puede ser efectivamente no convencional. Puede que tenga que decir no, cuando sería más fácil y más adecuado, convencionalmente hablando, decir sí. Pero, como virgen, no está influída por las consideraciones que hacen a la mujer no virgen, casada o no, orientar sus velas y adaptarse a la convivencia.
Si una mujer es completa-en-sí-misma, estará motivada por la necesidad de seguir sus propios valores internos, de hacer lo que tiene sentido para ella o le llena, con independencia de lo que piensen los demás.
Desde un punto de vista psicológico, la diosa virgen es esa parte de una mujer que no ha sido tallada, ni por las expectativas colectivas, sociales y culturales (determinadas por los hombres) de lo que debe ser una mujer, ni por un juicio masculino concreto sobre ella.

Jean Shinoda Bolen,
Las Diosas de cada Mujer

martes, 21 de septiembre de 2010

Miss Primavera


















Miss Primavera no tiene prisa en resolver sus asuntos.
Acaba de despertar después de un largo letargo.
Los rayos del sol la enceguecen.
El ajetreo de la superficie la intimida.
Tiene mucho por hacer, le dicen, pero ella contesta: que esperen.
Que esperen las flores y los pastos. Las aves y los frutos. Los picnics y los besos.
No estoy lista. No tengo prisa.
Esto, recién empieza...

Felíz comienzo de la Primavera

lunes, 20 de septiembre de 2010

Duraznos y Canela


















Pre-calentar el horno a fuego medio.
Lavar y partir a la mitad 4 duraznos maduros pero firmes descartando los carozos.
Ubicar los duraznos en una bella asadera.
Esparcirles canela y azúcar negra por encima y rociarlos con aceite o insertarles pedacitos de manteca.
Meterlos en el horno durante diez minutos.
Mientras los duraznillos se maceran a fuego lento, mezclar en un bowl dos tazas de yoghurt descremado natural o de vainilla con una cucharada sopera de miel.
Servir los bellos duraznos en bowls con una cucharada generosa del yoghurt y decorarlos con una hojita de menta.
¡Bon appetit!

jueves, 16 de septiembre de 2010

Mi propio Viaje














El libro salió publicado hace unos años. Pero por un motivo u otro no me atrajo en su momento.
Me enteré que Julia Roberts estaba filmando la película y recorriendo todos esos lugares paradisíacos y eso tampoco logró que lo leyera.
Hasta que mi amiga Steffi, después de una de esas charlas a corazón abierto, me dijo: lo tenés que leer.
Y como soy rebelde hasta que mi corazón interviene, fui de manera obediente a buscar el librito. Mal momento. Estaba agotado en casi todas las librerías.
Pero, en un local chiquito y mágico en el Puerto de Frutos, lo encontré. O se dejó encontrar. O, más bien, nos encontramos.
Ya estuve por Italia, saboreando pastas al dente, salsas aromosas, vinos de terruños húmedos y fértiles. Me puse soleros floreados y caminé descalza por los pueblitos de La Toscana. Practiqué mi nóvel y torpe italiano con varios "Marcellos", pero ninguno me invitó a subir a su balcón. "Sei sposata signora". Y yo contuve mis ansias juveniles y asentí con una mueca entre agradecida y nostálgica.
Todavía no llego a Indonesia, a Bali más precisamente, donde un antiguo novio ahora regentea un hotel. Estoy sumida en mi propio ashram, intentando aquietar la mente, disipar los miedos y ahuyentar los pensamientos negativos. Una trilogía, debo admitir, que me resulta más difícil de encarnar que la santísima trinidad.
Elizabeth Gilbert me resulta una narradora fresca y divertida. Su manera de contar es ágil. Los escenarios son lindísimos, y llego hasta a respirar los aromas exhuberantes de la Bella Italia. Me tomé mi tiempo para abandonar el placer y arribar al despojo y la disciplina que supone entrar en el propio templo interior. Y ahí estoy ahora. Forcejeando con mi pereza y mis argumentos. Aprendiendo a regañadientes a dejar que lo que deba ser sea, sin mi gerencia limitada y enervante, que no agrega media pizca de sabiduría ni paz al universo.
Sí, ya sé, no soy imprescindible ni ireemplazable. Pero soy esa gota que le aporta su particular gusto al océano del mundo. Así que espero mejorar mi consistencia para que el agua se alegre con mi presencia.

Hoy se estrena Comer, Rezar, Amar en todos los cines
de Buenos Aires.
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