domingo, 16 de diciembre de 2012

El fin de un Año



El fin de un año suele no coincidir con el fin de un ciclo.  Los tiempos del corazón no laten al compás del año calendario.
Las fiestas pueden llegar en un momento inoportuno, donde el ánimo no está para descorchar, mucho menos para celebrar. La agenda del mundo no coincide, muchas veces, con el rumbo que capitanea el alma. Otra vez el maldito (¿o bendito?) tironeo. Lo que dicta la tiranía exterior y lo que propone el susurro interior.
El planeta convulsionado por profecías, vaticinios, horóscopos...
El alma desmembrada por el miedo, la desazón, el sinsentido...
El corazón llevando a cuestas el pasado conocido y un futuro incierto...
Cuesta permanecer quieto. En el centro. Ajeno al parloteo de la mente y el murmullo incesante de la duda.
El mundo exige rapidez y eficiencia. Hay que estar alerta y en control. No hay que perderse ningún tren, puede que no vuelva a pasar.
No hay que perderse...
Mientras unos celebran el fin del año con alegría, otros ven pasar, con tristeza, un año que puede llevarse lo más preciado.
La rueda de la vida no gira según los calendarios.
Mucho menos según mis deseos.

Victoria Branca

1 comentario:

Fer dijo...

¡Qué interesante, Victoria! Una breve salida hoy me hizo empezar pensar y ponerme a escribir una reflexión con el mismo espíritu. No podría estar más de acuerdo con vos.

Un beso!

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