lunes, 7 de julio de 2014

Las mil y una Estaciones


Me perdí la llegada del Invierno. Siempre estoy atenta a la fecha en que cambian las estaciones. Y las celebro. Pero este año, no me di cuenta. O, tal vez, hice otras cuentas y el día exacto en que comenzaba la estación del frío resultó menos relevante para mí que otras cosas. O personas. O vivencias....
El asunto es que recordé que estábamos en Invierno veintipico de días después. Y el olvido o distracción no me importó demasiado. Se ve que estaba distraída en asuntos que me importan más. "No estás distraída, estás concentrada en la vida que te puebla"... diría canturreando mi versión interior del genial Facundo Cabral.
¡Qué lindo sentir por momentos a la vida que nos puebla, que nos habita, que encuentra tierra firme y extensa donde desplegarse! Lindo saberse parte de algo mayor, pero parte importante que "aunque ínfima, si no estuviese se notaría" como aludía la Gran Teresa en su discurso ante la solemnidad de los premios Nóbeles.
Es un delicado arte ubicarse en el lugar que a cada uno le corresponde. No querer pisar tierra ajena salvo que uno sea invitado, ni pisar en puntas de pie el territorio que a cada uno le es propio en todo su derecho. Ser y Estar presente en el propio terruño. Ocupar un espacio con presencia y sin prepotencia. Asumir la ubicación y el límite. Pero expandir las propias alas y sobrevolar la tierra en dirección  a los sueños. Ser hombre pero ser pájaro. Ser mujer pero ser hada. Ser adultos pero siendo niños. Ser responsables e irreverentes. Austeros y exhuberantes. Firmes pero tiernos. Y, sobretodo, estar despiertos. A los dones. Los propios y los ajenos. A las risas. Al corazón herido. Propio y ajeno. A los encuentros del Alma. A los que un día no estarán. A los que están. A la amistad. Al amor.. Eso sí que no quiero perdérmelo.

Victoria Branca
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