viernes, 17 de diciembre de 2010

Las Palabras















Las palabras, desde siempre, ejercen un poder hipnótico en mí. No me basta con saber el significado, me interesa develar qué se esconde detrás de ese montón de letras reunidas por obra y gracia del azar. O de la magia.
Las palabras encierran secretos e historias. Están preñadas de voces y grávidas de deseos. No son huecas. Ni siquiera la palabra "vacío" lo es.
Las palabras construyen vías y senderos. Y en un abrir y cerrar de puños, los destruyen también.
Las palabras pueden ser diosas iracundas que arrasen con todo a su paso, y también ninfas que amamanten y custodien en su seno lo que aún no pudo decirse.
Una palabra puede caer, como todo ser humano, pero quedar en el lecho del corazón gestando amor y esperanza. Aguardando el momento oportuno para salir al encuentro de lo amado.
Una palabra puede agazaparse entre las sombras hasta que la luz del alba le de el visto bueno para mostrarse. Y en un abrir y cerrar de ojos dejar a la vista todo su resplandor.
Las palabras tienen un poderío natural que las hace soberanas de casi todo. Su reino sobrepasa todo límite y frontera, todo idioma y demarcación.
Las palabras brotan en todas las estaciones. Y duermen a la vera de los sueños de todos.
Hay un séquito de palabras esperando en mi puerta. Cantan y recitan sin pausa. Rien y lloran a la vez. Están ávidas de contarme sus secretos.
Yo retengo el aliento y espero. Se que ellas, si confío, me devolverán la inspiración.

Victoria Branca

2 comentarios:

cien veces no debo dijo...

Coincido con que las palabras tienen un poderío natural y también creo que las que no fueron dichas a tiempo pierden inevitablemente su magia y poder.

Anónimo dijo...

A ver si logro que llegue mi comentario. Sigo tus instrucciones Vicky.
Si si el poder de la palabra es inmenso puede curar o condenar según sea. ¿A quien llaman cuarto poder?
María

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