lunes, 10 de mayo de 2010

Entrecruzamientos Infinitos


















La world wide web (www) permite cruzar fronteras y desdibujar límites sin salir de la propia casa.
Mientras que para atravesar una puerta extranjera se necesitan visas, pasaportes, averiguación de antecedentes y foto de frente y perfil, para entrar en el hogar y los corazones de cualquier habitante del planeta sólo hace falta un mouse.
La web es el entramado eficiente que permite conectarse, desde cualquier adminículo, hacia cualquier lugar, sin intermediarios molestos y en el instante.
Uno no necesita más que apoyar la cola en alguna silla y arpegiar los dedos sobre el teclado para dar comienzo a un concierto multitudinario y global al que cualquiera está invitado.
Los vínculos se entretejen, no con hilos, sino con cables. Y la mayoría de las veces en el anonimato. No hace falta dar coordenadas ni apellidos, basta con algún nickname o nombre de usuario y si hay buena conexión la comunicación y el intercambio se establecen de inmediato.
El cyber espacio, al no ser real sino virtual, pasa a no ocupar lugar alguno. Al igual que sus navegantes que, carentes de identidad real, son personajes que se mueven en el escenario cibernético como actores representando un papel.
Así, existen entrecruzamientos infinitos con infinidad de usuarios, sin correr los riesgos que supondría un encuentro verdadero. De persona a persona.
La red (nombre apropiadísimo para explicar las consecuencias de este no-lugar) termina capturando, no sólo mi identidad, que se desdibuja y diluye detrás del personaje, sino mi tiempo real, que es devorado por la boca inmensa de esta araña electrónica que atrapa a sus presas en silencio.
Ahora existo, si hay confirmación de ello en la web. Y si otros dejan sus mensajes en mi casilla. En caso contrario, estoy solo y mi existencia pasa desapercibida.
La red, entonces, se convierte en un espejo de dimensiones infinitas donde mi imágen se proyecta y un reflejo de alguna parte de mí me es devuelta.
Pero existe un antídoto infalible para escapar del pegoteo de esta telaraña virtual y es establecer vínculos reales, con personas de carne, huesos y corazón. Y despegar la cola de la silla solitaria en que me encuentro, para sentarme frente a otro ser humano. Y presentarme. Y estar en presencia. Y en esencia.

Victoria Branca

4 comentarios:

Carol De Jong dijo...

Muy bueno Victoria! te mando un abrazo...virtual :)
besos
Carol

Mercè Castro Puig dijo...

La red posterga los abrazos, pero nosotros, algún día, cuando viaje a Buenos Aires o tu a Barcelona, nos daremos uno grande, inmenso.

Victoria dijo...

Sí, Mercé. Inmenso...

Mónica Beatríz dijo...

Es verdad!!!
Cómo nos postergan la red, los mensajitos de texto, el chat, facebook!!!
Y... sí!! Es más cómodo!!!
Y... sí!! Es una forma de encontrarnos con los que están lejos!!!
Pero cada vez con más frecuencia nos conectamos así por "fiaca" y la verdad... nada reemplaza el sentarse frente a frente!!!
Un abrazo "ciberespacial"

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