jueves, 23 de septiembre de 2010

Amor de chocolate


















Uno de los antojos que más extraño en este plan nutricional de "descenso de peso y aumento de la autoestima y la salud" en el que me embarqué, es el helado. Perdición para la flojera de voluntad. Hechicero de la carne trémula y débil. Tentación deliciosa por la que estaría dispuesta a pasar una larga temporada en el infierno. Ni hablar si viene en combo con película romántica. ¡Deme dos!
Pero mi parte estoica se ha puesto de pie después de años de dormir a pata suelta entre las grasas trans y saturadas y luego de emparejarse descaradamente con azúcares varios y me tiene a raya. En el rincón, más bien. Con la ñata contra un vidrio que me impide tocar con la punta de la lengua la consistencia helada y deliciosa del chocolate con almendras o el dulce de leche con nuez.
"Te lo merecés, golosa descocada", me dice mientras yo me retuerzo de añoranza y mis papilas gustativas entonan un amargo réquiem de abstinencia.
Está bien. Lo acepto. Es el precio que hay que pagar para verse como una quiere. Pero te aviso que apenas llegue al peso deseado me voy corriendo a Freddo y me pido el cucurucho gigante de dulce de leche único para festejar.

3 comentarios:

Irene dijo...

Muy bueno el blog!! Me compré anteayer el libro "La Diosa de Cada Mujer" y me parece fascinante. También admiro a Elisabeth Kübler Ross y amo su libro "La rueda de la vida", un gran ser humano. Un saludo desde Montevideo!

Madame Lulu dijo...

que tentadores esos corazones!

Lola dijo...

Vos sabés que yo dí muuuuuuchas vueltas con este tema.. pero muchas y encntré solo dos respuestas: psicoterapia y cormillot por internet.

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