jueves, 9 de septiembre de 2010

El Arte de volver a casa



















Volver al centro. Volver al eje. Centrarse. Entrar en el núcleo sagrado de donde emana nuestro verdadero poder. Aquietarse.
Son frases que bien pueden escucharse en algun curso de meditación, yoga o terapia new age. Son, en mi caso, recordatorios de lo que me lleva de regreso a mi esencia.
El mundo, tal como está, o como lo regenteamos nosotros sus habitantes, nos tironea hacia la periferia. Hacia los bordes de una existencia frenética y exitista. Hacia las orillas de aguas embravecidas pero superficiales. Que lejos de promover la serenidad y el sosiego nos dejan una sensación de vacío e inquietud. En esa frecuencia nada parece ser suficiente. Nada termina de colmar nuestras expectativas y deseos. En esa carrera a la que nos sometemos de manera inconciente pareciera que las respuestas estuvieran lejos, bien lejos de nosotros. Y, sobretodo, en manos ajenas. Una religión en la que creemos ciegamente. Un gurú. Terapias poderosas. Cursillos que prometen llaves y herramientas que abrirán todas las puertas. Libros que resuelven enigmas y desentrañan de una vez y para siempre todos los misterios. Pastillas mágicas que lo recomponen todo. Brebajes y elixires rejuvenecedores. Viajes a lugares remotos donde encontraremos la piedra filosofal...
La conclusión de semejante falacia es que nuestro bienestar depende siempre de otro. O de elementos externos a nosotros mismos. Y que si no adherimos a alguno de esos espejismos modernos nos quedaremos fuera del paraíso, otra vez.
Crecer es empezar a hacerse cargo de uno mismo. De los propios ideales y valores. De los errores y traspiés. De aquellos a quienes elegimos para que nos acompañen en el camino. De los sí que prodigamos y de los No que tenemos la libertad de enunciar para preservarnos. De la revisión de las creencias heredadas. Y de la adhesión libre a aquello en lo que decidimos apostar. Y creer.
Hay infinidad de caminos para llegar a un mismo destino. Así como infinitos caminantes. No existe una única manera de arribar a la meta. Y ninguno es mejor o peor que otro.
Me gusta lo que decía el iluminado John O Donohue: "La espiritualidad es el arte de volver a casa."

Victoria Branca

3 comentarios:

María J dijo...

Qué lindo Vicky! Y en busca de Paz y poder aquietrme y volver a mi escencia me voy por el fin de semana a un Retiro Psicoespiritual. Ojalá lo logre!!!Después te cuento cómo me fué. Un beso y que se repita el encuentro de vez pasada, dale???
Mary

Mónica Beatríz dijo...

Hermoso Victoria!!!
Y tan cierto!!!
Un abrazo

Mercè Castro Puig dijo...

¡Cuanto razón Victoria!
Un abrazo grande

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