viernes, 21 de agosto de 2009

Pienso, luego...

















Un hombre quiere colgar un cuadro.
El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo.
El vecino tiene uno.
Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo.
Pero le asalta una duda:
"¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo?
Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído.
Quizás tenía prisa.
Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí.
¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada.
Algo se le habrá metido en la cabeza.
Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida.
¿Por qué no ha de hacerlo él también?
¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro?
Tipos como éste le amargan a uno la vida.
Y luego todavía se imagina que dependo de él.
Sólo porque tiene un martillo.
Esto ya es el colmo."

Así, nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino.
Toca el timbre, se abre la puerta y,
antes de que el vecino tenga tiempo de decir "buenos días",
nuestro hombre le grita furioso:
!Quedate con tu martillo, imbécil!

Del libro de Paul Watzlawick
El arte de amargarse la vida

5 comentarios:

Anónimo dijo...

uf.........
Que loco...de verdad que nuestra mente muchas veces nos traiciona... y valla qe lo hace...
Ojala que no nos pase seguido esas malas actitudes....

Marcela

Cecilia dijo...

Jajajaja muy bueno Victoria !! Y que real!!!
un beso
Cecilia

madamelulu dijo...

otro libro más que quiero! gracias victoria!

laura dijo...

lo había leído y no me lo acordaba.

qué tal cual. qué ridículos q somos a veces.

lala dijo...

jajajajajajajajajajajajajaja!!!!!!

Si!!!! que historia tan sabia!!!

A veces me veo hablando con Dios de esa manera!!!
jajajajajajaja!!!
Que diferencia colosal hay entre lo que hacemos inconcientemente y verlo en la vida de otro!!

Un beso!

Gladys Diab

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